Afición de Bolivia arma fiesta en Monterrey previo a la final del repechaje

La afición de Bolivia armó una fiesta en Monterrey previo a la final del repechaje ante Irak, con cánticos, banderas y una emotiva convivencia con jugadores. El equipo llega arropado por su gente en busca del boleto al Mundial 2026.

Créditos: Marifer Ibañez
Escrito en DEPORTES el

Monterrey.- La afición boliviana convirtió la espera en una celebración anticipada a las afueras del hotel de concentración, donde el equipo sudamericano se prepara para disputar la final del repechaje intercontinental rumbo a la Copa del Mundo 2026. A solo unas horas del partido ante Irak en el Estadio Monterrey, el ambiente se llenó de color, cánticos y una conexión directa entre jugadores y seguidores.

El punto de encuentro fue claro: acompañar al equipo en un momento clave. Con banderas, playeras y tambores, los aficionados comenzaron a reunirse hasta formar un solo bloque que no dejó de alentar. “¡Viva Bolivia!”, fue el grito que marcó el ritmo de la noche, elevándose de forma constante y encontrando respuesta desde el interior del hotel.

El veterano guardameta Carlos Lampe fue uno de los protagonistas del momento. A petición suya, la afición intensificó el apoyo, generando una reacción inmediata en los jugadores, quienes salieron para convivir con los seguidores. Durante varios minutos, la distancia habitual entre equipo y afición desapareció, dando paso a un intercambio cercano en plena calle.

El ambiente creció con uno de los cánticos más repetidos de la noche: “Hay que saltar, hay que saltar, el que no salte no va al Mundial”. Jugadores y aficionados se sumaron por igual, brincando al ritmo de la ilusión. La escena transformó el entorno en una extensión de estadio, con un equipo arropado antes del partido más importante de su proceso reciente.

Entre celulares levantados, abrazos y mensajes de apoyo, la conexión fue evidente. No se trató únicamente de alentar, sino de compartir un momento que representa la posibilidad de regresar a una Copa del Mundo tras más de tres décadas de ausencia. La expectativa se reflejó en cada gesto y en cada voz que se sumó al coro colectivo.

El momento más emotivo llegó cuando la afición comenzó a entonar el himno nacional de Bolivia. De forma gradual, el canto creció hasta convertirse en una sola voz. Los jugadores se unieron, algunos con la mano en el pecho, en una escena que detuvo el bullicio para dar paso al sentimiento.

La noche dejó una imagen clara: Bolivia no está sola en Monterrey. Con su gente presente y el objetivo a un partido de distancia, el equipo llegará a la final del repechaje con un respaldo que ya se hizo sentir desde antes del silbatazo inicial.

 

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