Monterrey.- A 90 minutos de disputar el partido más importante de los últimos años, la Selección de Bolivia afronta la Final del Repechaje Intercontinental rumbo a la Copa del Mundo 2026 con un contexto que eleva la exigencia: más de tres décadas sin clasificar a una justa mundialista.
Sin embargo, dentro del grupo, el mensaje es distinto. La presión histórica no se asume como una carga, sino como un impulso.
“Sí, pero nosotros no lo vemos como un peso, sino como un privilegio. Es una motivación más para que podamos tener ese plus para llevar a Bolivia al Mundial, que es el sueño que todos tenemos”, afirmó Miguel Terceros, delantero de la selección boliviana.
El atacante dejó claro que, pese al peso de los 32 años sin Mundial, el enfoque del equipo está en lo colectivo y en competir con claridad en el terreno de juego.
En la misma línea, el mediocampista Robson Matheus destacó el perfil del grupo, marcado por la juventud, como un factor que ha permitido gestionar el entorno sin que influya directamente en el rendimiento.
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“La verdad que muy tranquilos. Somos creo que el 90 por ciento de jóvenes y todavía no nos damos cuenta de la carga que tenemos encima. Solo estamos disfrutando el proceso, de estar aquí con los compañeros, de que creamos una familia”.
Además, Matheus subrayó la importancia de mantener la intensidad durante todo el partido, independientemente del desarrollo del marcador.
“Podemos comenzar perdiendo y no bajar los brazos, como lo hicimos contra Surinam. O podemos comenzar ganando y seguir luchando los 90 minutos para salir con el resultado”.
Por su parte, el defensor Efraín Morales reforzó la idea de sostener el equilibrio emocional en un entorno de alta expectativa, con millones de aficionados pendientes del resultado.
“Yo creo que todos estamos bien emocionados, pero llegamos con una tranquilidad mental que es bien importante. Tenemos que tomarlo como si fuera otro juego, aunque no lo es. Es darlo al cien y lo vamos a dar todo”.
Morales también destacó la composición del plantel como una de las fortalezas del equipo.
“Yo creo que tenemos mucha personalidad en el medio campo, en el ataque y también en la defensa. Tener jugadores en otros países ayuda mucho, esa diversidad en la forma de jugar nos va a beneficiar”.
Bolivia encara este compromiso con una generación joven que, más allá del peso histórico de 32 años sin Mundial, ha optado por un enfoque común: competir con calma, sostener la convicción y asumir la oportunidad como una posibilidad real de cambiar su historia reciente.
