Monterrey.- Mientras los jugadores japoneses celebraban sobre la cancha la goleada de 4-0 sobre Túnez en el partido número 1000 de la historia de las Copas del Mundo, en las tribunas del Estadio Monterrey comenzó otra escena que ya se ha convertido en una tradición para los seguidores del conjunto asiático.
Cuando gran parte de los 51 mil 243 aficionados que asistieron al encuentro comenzaron a abandonar el inmueble, decenas de aficionados japoneses permanecieron en sus lugares para recoger la basura acumulada durante el partido. Vasos, envolturas, botellas de plástico y distintos residuos fueron colocados en bolsas azules que los propios seguidores habían llevado desde antes del inicio del encuentro.
La imagen no tomó por sorpresa a quienes han seguido a Japón en las Copas del Mundo. Incluso antes del arranque del compromiso, durante la presentación de los equipos y el calentamiento previo, varios aficionados mostraban las ya características bolsas azules que los acompañan en cada partido internacional.
Una vez concluido el encuentro, esas mismas bolsas comenzaron a llenarse mientras familias completas, grupos de amigos y aficionados de distintas edades recorrían las filas de asientos para dejar limpia la zona que habían ocupado durante varias horas.
La costumbre ha acompañado a los seguidores japoneses durante décadas y se ha vuelto una de las postales más reconocidas de los Mundiales. Más allá del futbol, la práctica está relacionada con una cultura que promueve el respeto por los espacios compartidos y la responsabilidad colectiva sobre el entorno.
En Japón es común que desde la etapa escolar los estudiantes participen en labores de limpieza dentro de sus salones, patios y áreas comunes, una enseñanza que forma parte de la vida cotidiana y que suele trasladarse a espacios públicos como parques, calles y estadios.
La tradición ganó notoriedad internacional durante los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022, cuando imágenes de aficionados japoneses limpiando las tribunas recorrieron el mundo. Cuatro años después, la historia volvió a repetirse en Monterrey.
La goleada sobre Túnez permitió a Japón dar un paso importante rumbo a los Dieciseisavos de Final y quedarse con una noche histórica al convertirse en el ganador del partido número 1000 de la historia de las Copas del Mundo. Sin embargo, para muchos de los asistentes, una de las imágenes más llamativas no ocurrió dentro del terreno de juego, sino en las gradas, donde la afición japonesa volvió a dejar una muestra de civismo que se ha convertido en su sello alrededor del mundo.
