Dubái.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este viernes una advertencia directa al gobierno de Irán, condicionando una posible respuesta militar al cese de la violencia contra civiles. "Estamos cargados y listos para actuar", afirmó el mandatario tras reportarse una nueva ola de disturbios internos que ya ha dejado un saldo de al menos diez muertos. Esta postura intensifica la presión sobre la República Islámica, meses después de que Washington bombardeara instalaciones nucleares iraníes en junio pasado, en una acción conjunta con la campaña aérea de Israel contra el programa atómico y el liderazgo militar de Teherán.
La respuesta de las autoridades iraníes fue inmediata y contundente. Ali Larijani, asesor del líder supremo Ali Khamenei, señaló que cualquier interferencia de Estados Unidos en los asuntos domésticos del país representaría una desestabilización para todo el Medio Oriente. Paralelamente, el embajador de Irán ante la ONU, Amir-Saeid Iravani, envió una misiva al Consejo de Seguridad exigiendo la condena de las declaraciones de Trump. En el documento, el diplomático advirtió que Irán ejercerá sus derechos de manera proporcional y responsabilizó a la administración norteamericana por cualquier escalada que surja de estas amenazas, consideradas por Teherán como ilegales y provocadoras.
En el terreno, las manifestaciones motivadas por la inflación y el alto costo de la vida se han extendido por diversas provincias, registrando enfrentamientos fatales en el oeste del país. Medios estatales y grupos de derechos humanos confirmaron que entre las víctimas se encuentran dos miembros de la fuerza paramilitar Basij. Videos verificados muestran ataques a estaciones de policía y el uso de consignas contra la dictadura en ciudades estratégicas. A pesar de que el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha reconocido fallas gubernamentales y prometido diálogo, las fuerzas de seguridad han mantenido una postura de tolerancia cero ante las concentraciones.
La actual crisis interna ocurre en un contexto de debilidad regional para Irán, tras la caída de aliados clave como Bashar al-Assad en Siria y el debilitamiento de Hezbollah ante la ofensiva israelí en Líbano. Trump, quien recientemente se reunió con el primer ministro Benjamin Netanyahu, parece retomar su política de "máxima presión" mediante sanciones financieras y la amenaza de nuevos ataques si Irán reanuda su trabajo balístico. El mundo observa con atención este estallido social, que representa el desafío más grande para el sistema clérigo desde las masivas protestas de 2022, en medio de un escenario geopolítico sumamente volátil.
