Maduro mantuvo resistencia absoluta hasta el desenlace de la intervención

El mandatario venezolano rechazó sistemáticamente cualquier acuerdo de rendición y priorizó la lealtad de su círculo íntimo frente a la presión externa.

Créditos: Especial
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Caracas.- Nicolás Maduro, quien dirigió Venezuela tras suceder a Hugo Chávez en 2013, sostuvo hasta sus últimos momentos en el poder una postura de resistencia inquebrantable que descartaba cualquier salida negociada. A diferencia de las especulaciones sobre posibles pactos con Washington, el líder bolivariano no tuvo nunca la intención de abandonar su cargo por voluntad propia. Durante los meses previos a la incursión militar de Estados Unidos, Maduro se preparó para un escenario de confrontación directa, advirtiendo a su entorno más cercano que la rendición no era una opción. Esta determinación se tradujo en un control férreo sobre el ejército bajo la consigna "dudar es traición", frase que marcó el cierre de su etapa al frente del Estado.

El poder del mandatario se concentraba en un mando vertical donde la última palabra siempre le correspondió a él, apoyado por una cúpula de lealtad absoluta integrada por Cilia Flores, los hermanos Rodríguez y Vladimir Padrino López. Pese a que se intentaron establecer canales de comunicación puntuales con enviados de la Casa Blanca, Maduro nunca permitió que la condición de su salida del poder estuviera sobre la mesa de negociaciones. Su gestión se caracterizó por una obediencia sin fisuras de sus subordinados, quienes lo describían como un líder autoritario que no aceptaba cuestionamientos. Esta estructura de mando permitió que el régimen se mantuviera cohesionado incluso ante la creciente zozobra que generaba la posibilidad real de un derrocamiento armado.

La seguridad personal de Maduro se convirtió en su mayor obsesión durante el último periodo, recurriendo a cambios constantes de ubicación y apoyo externo para blindar su integridad. No obstante, esta burbuja de protección no impidió que se mantuviera activo en la esfera pública hasta el final, rechazando de forma sistemática las ofertas de asilo o acuerdos territoriales propuestos por otros líderes latinoamericanos de izquierda. El presidente venezolano prefirió mantener la confrontación total con la administración de Donald Trump, asumiendo el riesgo de una extracción forzosa antes que aceptar un retiro pactado que comprometiera la continuidad de su causa política.

El desenlace del sábado, con la detención y traslado de Maduro y su esposa tras ataques quirúrgicos en Caracas y otras regiones, confirmó que el mandatario cumplió su promesa de no rendirse. La intervención militar directa de Estados Unidos fue el único recurso que logró quebrar la resistencia de un dirigente que se consideraba el último muro de la revolución bolivariana. Con su captura, se cerró un ciclo donde Maduro eligió el enfrentamiento frontal, dejando atrás una estructura estatal diseñada para la lealtad extrema que lo acompañó hasta el momento en que fue sacado del país para enfrentar procesos judiciales en Nueva York.

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