Monterrey.- La madrugada del 9 de enero de 1967 quedó marcada para los regiomontanos, debido a que el estado quedó cubierto por una capa de nieve que alcanzó hasta 60 centímetros de espesor, acompañada de temperaturas bajo cero que transformaron por completo el paisaje urbano y paralizaron la vida cotidiana de la ciudad.
Fue alrededor de las 3:00 horas cuando comenzaron a caer los primeros copos de nieve sobre la Zona Metropolitana de Monterrey.
Lo que inicialmente parecía una ligera nevada se intensificó conforme avanzó el día, prolongándose durante nueve horas consecutivas. Para el amanecer, calles, cerros, techos y avenidas estaban completamente cubiertos de blanco, ofreciendo una imagen inédita para una ciudad acostumbrada a climas extremos, pero no a un invierno de tal magnitud.
Los registros de la época señalan que el termómetro descendió por debajo de los cero grados centígrados, con estimaciones que iban de -3 a -7 grados, además de una sensación térmica aún más baja debido al viento.
Ante el frío extremo, las autoridades emitieron recomendaciones urgentes para protegerse; sin embargo, muchas de las medidas resultaron insuficientes frente a la intensidad del fenómeno.
Te podría interesar
La nevada tuvo un impacto inmediato en la movilidad y las actividades diarias, ya que los vuelos fueron cancelados, el sistema educativo suspendió clases y las salidas de autobuses desde la Central Camionera de Monterrey quedaron detenidas.
Prácticamente toda la ciudad entró en una pausa forzada, mientras los habitantes intentaban resguardarse del frío y adaptarse a un escenario desconocido.
Se reportaron derrumbes de techos endebles que no soportaron el peso de la nieve acumulada, así como cierres de vialidades, accidentes vehiculares por el pavimento resbaladizo y personas lesionadas tras caídas en banquetas y calles congeladas.
Además, el estado quedó incomunicado con regiones de Coahuila y Tamaulipas, luego del cierre de carreteras estratégicas, lo que agravó la situación durante varias horas.
Por la magnitud de sus efectos, historiadores y medios de comunicación de la época bautizaron este episodio como “la nevada del siglo XX”, un fenómeno sin precedentes en la historia moderna de Nuevo León.
Las imágenes y testimonios de aquella jornada se han convertido en material de archivo y referencia obligada cada vez que se registran bajas temperaturas en la entidad.
Mientras que en enero de 1967 Monterrey enfrentó temperaturas gélidas de varios grados bajo cero, para enero de 2026 los pronósticos indican máximas cercanas a los 21 grados y mínimas alrededor de los 7 grados, condiciones mucho más templadas y lejanas al invierno extremo de décadas pasadas.
Para muchos, esta diferencia resalta no solo el carácter excepcional de aquella nevada histórica, sino también cómo el clima de la región ha cambiado con el paso del tiempo.
