Monterrey.- Vendedores ambulantes de la zona centro de Monterrey prefieren mantenerse en la informalidad antes que tramitar un permiso para comercializar productos como alimentos, dulces, ropa y otros artículos, ya que aseguran que de esta manera tienen mayor libertad para elegir sus horarios y puntos de venta.
La situación representa una problemática que continúa creciendo en el municipio, pues cada vez aumenta el número de personas que ofrecen mercancías en la vía pública sin autorización.
Algunos comerciantes optan por evitar el pago de permisos, pero se enfrentan al riesgo de decomisos y a la falta de un punto fijo para vender, por lo que constantemente se desplazan por distintas calles para evitar ser detectados por inspectores de Comercio.
Uno de los casos es el de Socorro Villalpando, quien se dedica a la venta de algodones de azúcar y manzanas cubiertas.
"Prefiero moverme porque así no me ven los inspectores y no me pueden quitar la mercancía que tengo, pues tengo que seguir trabajando", reveló.
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Otro caso es el de Alicia Villalpando, quien señaló que su esposo dejó temporalmente de trabajar a raíz de los operativos implementados contra informalidad.
"Ahorita mi esposo no está trabajando porque, como le digo, él es diabético y está perdiendo poco a poco la vista. Él tiene miedo porque no alcanza a ver de aquí a cuando vengan los inspectores y dice que los voy a tener aquí frente a mí y me van a quitar la mercancía del triciclo", relató.
En la Macroplaza operan sin problemas
El panorama es diferente en la Macroplaza de Monterrey, donde la presencia de vendedores ambulantes lleva años, sin problemas con las autoridades.
A lo largo de los andadores y plazas, comerciantes ofrecen productos como algodones de azúcar, manzanas cubiertas, botanas, juguetes y recuerdos para los turistas.
Muchos de ellos aseguran que llevan años trabajando en este espacio y que incluso ya existe una organización informal entre quienes se dedican a esta actividad.
Bibi García, vendedora de recuerditos para turistas, explicó que la mayoría de los comerciantes ya tiene asignado un lugar de trabajo que ha conservado durante años, lo que les permite convivir sin conflictos entre ellos.
“Nosotros ya tenemos aquí mucho tiempo trabajando, como 7 años, ya sabemos dónde vamos y los compañeros no nos quitan el lugar.
“Yo tengo trabajando en esto aquí en Monterrey desde que llegué, pero soy de Guerrero y otros compañeros también son de fuera y pues trabajan de lo mismo, pero ahorita a pesar de los turistas las ventas no están tan altas como se pintaba”, comentó Bibi García.
La comerciante señaló que varios de los vendedores provienen de otros estados del país y encontraron en la Macroplaza una oportunidad para obtener ingresos de manera constante, aprovechando la afluencia diaria de personas que visitan el centro de Monterrey.
La permanencia de estos comerciantes en la zona ha provocado que muchos de ellos ya sean identificados tanto por trabajadores del primer cuadro de la ciudad como por visitantes frecuentes, quienes suelen adquirir sus productos durante sus recorridos.
Por su parte, Geralda García aseguró que ha dedicado más de tres décadas a esta actividad y que la venta ambulante forma parte de su forma de vida.
Según relató, la Macroplaza se ha convertido en uno de los pocos espacios donde pueden trabajar de manera estable y sin mayores contratiempos.
“Nosotros ya sabemos aquí dónde va cada quien, llegamos a las 10 de la mañana y nos vamos como a las 8 de la noche y no tenemos problemas”, agregó la comerciante.
Con más de 35 años en el oficio, Geralda considera que la presencia de vendedores ambulantes ya forma parte de la imagen cotidiana de la Macroplaza, donde diariamente conviven turistas, familias, trabajadores y comerciantes que desde hace años encuentran en este espacio una fuente de ingresos.
