La urbanización se come las sierras y expulsa a la vida silvestre en NL

Los especialistas advierten que el avance de desarrollos habitacionales destruye hábitats y pone en riesgo a especies protegidas.

Algunas montañas de la zona metropolitana están copadas desde hace años de viviendas que ya forman parte del paisaje urbano de la ciudad.
Algunas montañas de la zona metropolitana están copadas desde hace años de viviendas que ya forman parte del paisaje urbano de la ciudad.Créditos: Roberto Gómez
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Monterrey.- La creciente invasión de la urbanización a zonas serranas en Nuevo León está provocando un ecocidio al desarrollar nuevos fraccionamientos que desplazan la fauna silvestre, fragmentan sus hábitats e incluso terminan generando un aumento en los conflictos entre animales y habitantes.

De acuerdo con especialistas, las zonas con mayor afectación a la naturaleza de manera visible actualmente son el Cerro de la Silla, el Cerro de las Mitras y sectores de la Sierra Madre Oriental, cordilleras icónicas de la entidad.

La presión a la fauna que habita en las faldas de estos cerros ha propiciado que sea constante la presencia de animales salvajes recorriendo las calles de la ciudad en busca de comida o de agua de los arroyos que en ocasiones terminan siendo parte del atractivo de las nuevas colonias.

Un claro ejemplo son los numerosos reportes de avistamientos que ha habido en lo que va del año, según datos de Parques y Vida Silvestre. Ayer, personal de Parques y Vida Silvestre de Nuevo León rescató a un oso negro que presuntamente fue atropellado sobre la Carretera Nacional, a la altura de Villas del Uro.

El ejemplar fue trasladado a una veterinaria, donde especialistas evalúan una posible fractura en una de sus extremidades. Un comparativo gráfico de las últimas dos décadas muestra como la mancha urbana se ha comido el verdor de las serranías.

De acuerdo con la plataforma de observación y documentación de especies ciudadana INaturalist en la entidad hay 171 especies tipificadas como amenazadas por la Normativa 059 de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Algunas de ellas son entre los mamíferos osos negros, jaguar, tlacoyote, Borrego Aoudad, ocelote, tigrillo; de aves, perico mexicano, loro tamaulipeco, águila rojinegra y reptiles, varias especies de ranas, tortugas, serpientes y lagartijas.

En entrevista para ABC Noticias, el exdirector de esta dependencia, Roberto Chavarría explicó que el construir casas en estas zonas no cambia que los animales lo consideren su hogar y por el contrario afecta el desarrollo de las crías que poco a poco se adaptan a convivir con humanos, agravando el problema.

Foto: Roberto Gómez

“Los animales normalmente siguen patrones de distribución desde hace miles o millones de años en ciertas áreas y el que nosotros pongamos casas de repente pues no cambia esos patrones.

“Pero empieza a haber conflictos con los vecinos... o los eliminas o acaban eliminados por competencia con los nuevos residentes”, comentó Chavarría. También añadió que la Semarnat establece que antes de iniciar un desarrollo debe realizarse un proceso de ahuyentamiento, rescate o traslocación de fauna, cosa que en la práctica suele ser insuficiente.

De acuerdo con el Sistema de Información Urbano Metropolitano del Tecnológico de Monterrey los últimos 30 años, la Zona Metropolitana ha incrementado el suelo construido alrededor de 5.4 kilómetros cuadrados por año.

Esto ha provocado la transformación de áreas agrícolas y forestales en zonas urbanizadas, con impactos directos en la flora y fauna del estado como el incremento de la temperatura en estas zonas, otro factor que modifica el comportamiento natural de las especies silvestres que ahí habitan.

Detener ecocidio

Para detener la presión a las zonas naturales, la presidenta de la Sociedad de Urbanismo Región Monterrey A.C., Pricila Dávila Páez, señaló que la posible solución recae en los municipios donde convergen las serranías ante la falta de un reglamento de Desarrollo Urbano robustecido.

Dávila Pérez explicó que una de las principales fallas ha sido la falta de vigilancia y aplicación de la regulación urbana, pues los asentamientos en zonas de riesgo requieren monitoreo para evitar que continúen creciendo sin planeación, lo que provoca afectaciones tanto a la fauna como a la flora de la región y a ciudadanos.

Agregó que es necesario enfocar el crecimiento de la mancha urbana al incremento de densidades en zonas que ya están habitadas, incluso en cercanía de los empleos de los ciudadanos.

“Necesitan actualizar sus programas de desarrollo urbano para permitir un crecimiento un poco más denso… en zonas más cercanas que sí tengan servicios. Permitir el crecimiento y la oferta de más vivienda en zonas urbanizables... cerca de empleos”.

También advirtió que la construcción en zonas con pendientes pronunciadas puede afectar la flora, fauna, recarga de acuíferos y aumentar riesgos para la población, como deslaves y problemas de infraestructura. Estás modificando el hábitat donde ellos están acostumbrados a vivir y pues sí es un riesgo tanto para la fauna como para las personas que viven en esas zonas.

"En zonas con pendientes mayores a 45% está prohibido autorizar nuevos fraccionamientos y con esto se busca preservar las zonas con mayor valor natural”, añadió Dávila Páez.

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