Monterrey.- Quiere volar, quiere volver, "¡Eeeeeeeeh, México!", "¡Sí se puede!", fueron algunas de las consignas que retumbaron en la Macroplaza durante la transmisión del partido entre México e Inglaterra, donde miles de aficionados alentaron a la Selección Mexicana sin dejar de cantar, brincar y celebrar cada jugada, pese al resultado adverso.
Mucho baile, fiesta y un ambiente de apoyo incondicional marcaron la tarde noches de este domingo, en la que la derrota del combinado nacional no fue suficiente para apagar el entusiasmo de quienes se dieron cita en el corazón de Monterrey para vivir el encuentro en compañía de familiares, amigos y cientos de seguidores del futbol.
Desde horas antes del silbatazo inicial, miles de personas comenzaron a llegar a la Macroplaza, donde fueron instaladas pantallas gigantes en distintos puntos, como el LABNL, el Museo de Historia Mexicana y el Teatro de la Ciudad, con el propósito de distribuir a los asistentes y evitar aglomeraciones durante la transmisión del encuentro.
Vestidos con la playera verde, blanca o negra de la Selección Mexicana, además de sombreros, banderas, trompetas y diversos artículos alusivos al equipo nacional, los aficionados ocuparon rápidamente los espacios disponibles frente a las pantallas para no perder detalle del partido.
Cada uno de los dos goles de México provocó que la multitud se pusiera de pie entre aplausos y gritos de aliento, mientras que las jugadas defensivas también fueron reconocidas con ovaciones por parte de los asistentes, quienes no dejaron de respaldar al equipo a lo largo de los 102 minutos.
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Los tradicionales cánticos no tardaron en hacerse presentes.
En repetidas ocasiones se escuchó el "¡Sí se puede!", acompañado por el conocido grito de "¡México, México!", mientras que los tambores y las trompetas pusieron ritmo al ambiente que predominó durante toda la tarde.
Incluso después de los goles del conjunto inglés, la afición respondió con aplausos y nuevas porras, intentando motivar al representativo mexicano para buscar una reacción en la cancha, mientras algunos aficionados ondeaban banderas gigantes que destacaban entre la multitud.
Además del ambiente futbolero, familias completas aprovecharon la jornada para convivir.
Niños con el rostro pintado con los colores nacionales, jóvenes reunidos con amigos y adultos mayores compartieron alimentos, bebidas y fotografías para recordar una tarde que convirtió a la Macroplaza en un punto de reunión para miles de personas.
Conforme transcurrió el encuentro, el ánimo se mantuvo prácticamente intacto. Los asistentes continuaron cantando y alentando al equipo hasta el silbatazo final, demostrando que el apoyo a la Selección Mexicana fue más allá del marcador.
Al concluir la transmisión, los aficionados comenzaron a retirarse de manera ordenada, mientras elementos de seguridad permanecieron realizando recorridos preventivos en los alrededores para facilitar la salida de los asistentes. Aunque el resultado no favoreció a México, la Macroplaza volvió a convertirse en un escenario donde la pasión por el futbol reunió a miles de personas en un ambiente de convivencia, música y apoyo incondicional a la selección nacional.
