¿Podrían los espacios de coworking resolver el problema de tráfico en Monterrey?

Ante las pérdidas millonarias y las horas tiradas en el tráfico de Monterrey, los espacios de coworking surgen como una alternativa para descentralizar la movilidad laboral.

Créditos: Especial
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Salir de Escobedo o San Nicolás a las siete de la mañana con rumbo a Valle Oriente es, para muchísima gente en el área metropolitana, la parte más pesada del día laboral.

Y, salvo en los peores días de trabajo, pueden afirmarlo con certeza incluso antes de haberse sentado a su escritorio para comenzar la jornada.

El tamaño real del problema

Monterrey registró un nivel de congestión de 48%, medio punto porcentual arriba de 2024, lo que se tradujo en 89 horas perdidas por conductor a lo largo del año. La consultora INRIX, por su parte, ubicó al área metropolitana en tercer lugar nacional en tiempo perdido en el tráfico durante 2025, con un promedio de 56 horas por persona y un costo anual calculado en más de 13 mil 800 millones de pesos. Ahí entran en juego más de 3.2 millones de vehículos registrados en la zona, de los cuales 2.4 millones circulan a diario. 

Las arterias más señaladas son casi siempre las mismas — Morones Prieto, Carretera Nacional, Lázaro Cárdenas — y los horarios también se repiten como reloj: de siete a nueve de la mañana, de cinco a siete de la tarde.

Por qué todos salimos a la misma hora hacia el mismo rumbo

Vivir en García, Apodaca o Escobedo y trabajar en Valle Oriente significa, en la práctica, cruzar buena parte de la ciudad dos veces al día. Nuevo León ha vivido una ola de inversión industrial que trajo plantas, almacenes y corporativos nuevos, pero la infraestructura vial sigue siendo básicamente la misma de hace diez años. Más gente maneja hacia los mismos corredores, en las mismas ventanas de tiempo, para llegar a oficinas concentradas sobre todo en San Pedro Garza García y Valle Oriente.

Multiplica eso por cientos de miles de personas y entiendes por qué treinta minutos de trayecto se pueden convertir fácilmente en una hora y media cuando hay algún choque sobre el Periférico.

Lo que cambia cuando no hace falta cruzar media ciudad

Los espacios de coworking llevan varios años multiplicándose por todo el área metropolitana, y no solo en las zonas corporativas de siempre. Cadenas como Regus y Spaces mantienen ubicaciones en San Pedro y Valle Oriente, WeWork opera bajo el mismo modelo de escritorios flexibles, y plataformas como workin.space reportan que más de 300 empresas encontraron oficina en Monterrey a través de contratos de uno a seis meses solo durante 2025. También hay opciones más chicas (EKA Coworking, La Capital Business Center, los espacios en Torres IOS Campestre) repartidas en puntos que ya no obligan a nadie a manejar hasta el corporativo de la ciudad.

Si alguien que vive en Escobedo puede rentar un escritorio a quince minutos de su casa en lugar de manejar cuarenta y cinco hasta Valle Oriente, esa persona sale del coche antes, ocupa menos espacio en la vialidad principal y probablemente llega de mejor humor a su primera junta. Multiplicado por suficiente gente, eso sí empieza a mover la aguja en los corredores más saturados — aunque nadie está diciendo que un escritorio compartido vaya a arreglar el Periférico de la noche a la mañana.

El obstáculo no es la tecnología, es la costumbre

Monterrey tiene una cultura corporativa bastante arraigada en la presencia física — muchas empresas familiares, muchos corporativos que todavía miden productividad por quién está sentado en su lugar a las nueve en punto. El trabajo híbrido avanza más lento aquí que en otras ciudades del país, y eso frena la adopción de coworking como estrategia deliberada de movilidad, aunque las empresas sí lo usen como solución de espacio o de flexibilidad contractual.

Cambiar esa costumbre depende de que los mandos medios y las direcciones de recursos humanos entiendan que dejar trabajar a alguien desde un coworking en su propio municipio no es sinónimo de que esa persona esté produciendo menos.

Ahora bien, mudarte de la oficina central a un coworking de barrio también cambia la red por la que pasa tu información. La mayoría de estos espacios corren con redes de wifi compartidas entre decenas de usuarios distintos al mismo tiempo — freelancers, startups, alguien vendiendo seguros desde la mesa de al lado —, y eso convierte cualquier red pública en un lugar donde vale la pena tomar precauciones antes de mandar un contrato o entrar al banco en línea. Si vas a trabajar seguido desde este tipo de espacios, aprende cómo funciona una VPN en la web de ExpressVPN antes de conectarte a la primera red abierta que encuentres.

¿Qué haría falta para que esto realmente jale a escala?

Para que el coworking se convierta en una pieza real de la estrategia de movilidad de Monterrey — y no solo en una opción cómoda para quien ya la puede pagar — hacen falta al menos cuatro cosas. 

Incentivos municipales para abrir espacios en zonas residenciales de Apodaca, García y Escobedo, no solo en los corredores corporativos ya saturados. Políticas de las empresas grandes que reconozcan el coworking cercano como alternativa válida a la oficina central. Tarifas accesibles para freelancers y pequeñas empresas que hoy ven el escritorio compartido como gasto de startup y no como herramienta de movilidad. Y datos públicos sobre cuánta gente realmente deja de manejar largas distancias cuando tiene esta opción cerca de casa — porque por ahora casi todo el argumento se sostiene en lógica, no en cifras duras del propio municipio.