El interiorismo ya no es un asunto accesorio dentro del desarrollo inmobiliario, sino una variable que define el valor real de la vivienda, su capacidad de adaptarse a nuevas formas de vida y, sobre todo, su conexión con el bienestar de quienes la habitan.
En ciudades como Monterrey, donde la vivienda vertical avanza con fuerza y las nuevas generaciones redefinen prioridades, el diseño interior se convierte en un eslabón estratégico entre arquitectura, mercado y calidad de vida.
Rosa Aurora Vázquez, especialista en interiorismo y docente de la UVM Cumbres, observa este cambio de paradigma. Para ella, 2026 marcará un punto de inflexión respecto a los años recientes. “Venimos de una etapa dominada por colores oscuros, grises y cafés; ahora la tendencia es abrir los espacios, hacerlos más luminosos y más cálidos”.
El color del año, Cloud Dancer, un blanco con matices suaves entre rosa y beige, ofrece espacios claros que transmiten calma y sirven como base para una nueva narrativa del habitar.
Bienestar como eje del diseño
“Lo que estamos buscando es bienestar”, subraya Vázquez. “Que el espacio se sienta habitable, que abrace, que no sea rígido”. En vivienda, pero también en oficinas, el interiorismo avanza a entornos más humanos, donde la comodidad deja de ser un lujo para convertirse en un requisito. “Antes llegabas a trabajar y parecía que entrabas como robot, con luces frías y ambientes muy duros.
Hoy hay una conciencia clara de que el confort impacta directamente en cómo se siente y rinde una persona”.
Este enfoque dialoga directamente con el crecimiento de la vivienda vertical. La reducción del espacio disponible ha obligado a replantear la arquitectura y la forma en que se viven los espacios en los interiores. “Las familias son más pequeñas, muchas veces es una sola persona, una pareja o alguien con una mascota. Ya no se piensa en casas enormes, sino en espacios más eficientes”, explica la experta en Diseño de Interiores, Arquitectura e Ingeniería Civil.
En los departamentos actuales, un espacio ya no tiene un solo uso. “La sala puede ser sala en la mañana y estudio en la noche.
Eso se logra con tecnología, con iluminación adaptable y con una correcta planeación del mobiliario”, dice.
El diseño de planta libre se ha consolidado como estándar. “Ya no tenemos el comedor encerrado ni la cocina separada. Todo está abierto, y eso da amplitud, flexibilidad y la posibilidad de reorganizar el espacio según la necesidad”.
Espacios flexibles
El mobiliario acompaña esta transformación. Muebles más compactos, fáciles de armar y, sobre todo, funcionales. Esto responde a espacios más pequeños y a la realidad de la vivienda vertical, donde subir muebles grandes ya no es viable”. Además, hay un componente emocional, “cuando armas tu propio mueble”.
En materiales, tras años de auge del MDFM (Medium Density Fiberboard), “regresamos a la madera natural, a la piedra, al mármol, a los textiles orgánicos”.
Este regreso está ligado a la sustentabilidad y a la compra consciente. “Al inicio es más caro, pero hoy la gente entiende que está comprando durabilidad”, expresa.
El home office ya no es una excepción sino parte integral de la vivienda. “En los nuevos proyectos siempre se está considerando un espacio para trabajar, aun en departamentos que sean pequeños.
Tecnología y funcionalidad
Hoy “se busca comodidad, pero también enfoque”, explica Vázquez. Por eso, los colores cálidos, las texturas táctiles y la iluminación inteligente ganan protagonismo. “Puedes adaptar la luz según tu estado de ánimo: más cálida para descansar, más fría para trabajar. La tecnología está al servicio de cómo te sientes”, dice la especialista.
