El desarrollo vertical no es moda ni ocurrencia, sino una necesidad frente al crecimiento desordenado de las ciudades y el costo de darles servicios y seguridad, dice Agustín Landa Ruiloba, director de Landa + Martínez Arquitectos.
Sin embargo, advierte, construir hacia arriba no basta por sí solo; debe hacerse con criterio urbano, con uso de suelo mixto y una visión de largo plazo.
El uso mixto, en contra de lo que muchos piensan, no es una moda contemporánea sino “algo medieval”, amplía.
Las ciudades, dice, nacieron así, con viviendas, comercios y trabajos conviviendo en un mismo lugar.
El ejemplo más claro, agrega Landa, es Europa, aunque no habría que irse tan lejos, pues también la Ciudad de México ofrece espacios como las colonias Polanco, la Roma, la Condesa, el Centro Histórico o Paseo de la Reforma, donde el uso mixto funciona.
Sin embargo, aclara, el concepto no debe confundirse con grandes complejos comerciales o torres aisladas.
“Uso mixto no quiere decir una plaza comercial de 3,000 m2 con un estacionamiento superficial de 80 cajones y luego un edificio de 50 pisos. El uso mixto es un edificio de cuatro pisos con planta baja comercial y tres pisos de vivienda arriba”, explica.
Este modelo permitiría, dice, “que las personas que viven ahí, bajen caminando a la planta baja, con una buena banqueta y puedan ir a comprarse un café, ir a comer o comprar unas verduras y hacerse de comer en su casa. Tenemos que entender el uso mixto”.
Y lanza: “tenemos también que volver a ser barrio”.
Antiguamente, explica, “los barrios tradicionales funcionaban y permitían que se creara una comunidad entre viviendas, comercios y espacios públicos que eran incluso generadores de seguridad.
“Había una plaza, alrededor de la alameda, ibas comprando las tortillas, la verdura, los huevos, la carne, el pan y el agua, luego caminaba dos cuadras para atrás y ya estaba la casa, y ese es el súper, conocías a todos.
“Cuando los niños salían a jugar, continúa, “todos los de las tiendas conocían a los niños de todas las cuadras y esas mismas personas, al estar ahí, automáticamente cuidaban a los niños y cuidaban la seguridad del lugar, eso es un barrio. No necesitas un policía”, expresa el ejecutivo del despacho encargado de proyectos como el Pabellón M de Monterrey y la Torre Avalanz (antes Torre Dataflux).
En contraste, Landa critica los desarrollos cerrados, con bardas perimetrales, casetas y vigilantes que hasta te piden identificación para ingresar.
Desde su perspectiva, el problema de Monterrey no es solo arquitectónico, sino reglamentario y político, pues los planes de desarrollo urbano cambian cada tres años con la administración en curso.
Ante ello, hace un llamado a que exista “un plan maestro del área Metropolitana de Monterrey, que diga ‘hoy está así’, pero en los próximos 50 años estará de tal forma; no tenemos el dinero para cambiar las cosas, pero vamos a crecer así, y te aseguro que puede ser una súper ciudad’”, expresa.
Actualmente, lo más cercano a esos barrios, dice, son los distritos Armida o Arboleda en San Pedro, pero resultan inaccesibles para mucha de la población, por lo que lo ideal sería que pudieran establecerse en el resto de los municipios.
“Todos podemos vivir más compactos, que de tu casa a tu trabajo, en vez de que hagas media hora, hagas 10 minutos, que contamines menos en la distancia, que tengas más tiempo para hacer otras cosas, aparte que puedas ir a caminar y digas, ahora me sobra el tiempo y tengas calidad de vida”, plantea.
Más retos para diseñadores de espacios
La demanda de los especialistas en el diseño inmobiliario, aumenta o disminuye según la economía. Sin embargo, dice Landa Ruiloba, ésta es cada día más exigente. “Los clientes requieren más compromiso de los desarrolladores y de los arquitectos”, expresa.
Hoy, añade, los proyectos son mucho más complejos y ante ello, “hay más disciplinas involucradas, más técnicos. Está el acústico, el del aire acondicionado, el de voz y datos que son todas las tecnologías, de usos”.
En la visión de Agustín Landa, el verdadero desafío no está en levantar más torres, sino en replantear la forma en que las ciudades se habitan y se piensan. El desarrollo vertical, cuando se integra con usos mixtos, a escala humana y espacios públicos vivos, deja de ser una solución técnica para convertirse en una herramienta social, que reduce costos urbanos, mejora la movilidad y reconstruye los vínculos comunitarios.
El reto va más allá de los arquitectos y desarrolladores, pues requiere coordinación con los actores políticos y autoridades, así como reglas estables y una visión metropolitana de largo plazo para diseñar la ciudad.
Finalmente, en cuanto a las tendencias arquitectónicas en Monterrey, Landa advierte una falta de identidad, pues si bien la tradición industrial de Monterrey está basada en acero, concreto, ladrillo y vidrio, los edificios actuales están lejos de esa utilización, generando gastos y cayendo en una falta de identidad.
El arquitecto enfatiza la importancia del diseño con buena orientación, ventilación natural, aprovechamiento de la luz y vistas.
“No concibo vivir en Monterrey sin ver la montaña”, expresa el director de Landa + Martínez Arquitectos.
