ShowMakers: el legado que se construye con la cultura del hacedor

Emmanuel Palacios, productor y director creativo, ha construido una filosofía que le guía a lo largo de su trayectoria profesional

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Todas las empresas tienen ideas. Algunas son brillantes, otras disruptivas y muchas nacen con el potencial de transformar una industria. Sin embargo, la diferencia entre una organización que simplemente acumula buenas intenciones y otra que logra trascender no está en la calidad de sus ideas, sino en la cultura que construye alrededor de ellas.

En ese sentido, Emmanuel Palacios, productor y director creativo de ShowMakers Company, ha impulsado desde su trinchera la cultura de hacedores, "una cultura donde las ideas encuentran personas”.

Especialistas en diseñar experiencias, en la empresa han aprendido que, "las mejores historias nacen de la forma en que un equipo decide construir, colaborar y avanzar unido hacia una misma visión".

Por ello, Emmanuel, asegura que, una cultura organizacional no se define por lo que aparece escrito en una pared o en un manual corporativo. Se define, dice, por las decisiones que las personas toman todos los días, por la manera en que colaboran, resuelven problemas, enfrentan los desafíos y eligen avanzar, incluso cuando el camino no es sencillo.

"Para nosotros, ser un hacedor define la manera de vivir el trabajo, de elegir construir antes que simplemente participar; aportar antes que destacar y comprender que las transformaciones más significativas siempre nacen cuando muchas personas avanzan hacia un mismo propósito”, afirma.

Emmanuel Palacios, productor de ShowMakers

Su trabajo, el diseño de eventos y experiencias tienen la capacidad de convertir un propósito en algo tangible. “Hacen visible una visión, ayudan a acercar a las personas y crear espacios donde la cultura deja de ser una idea para convertirse en una vivencia compartida”.

El camino comenzó en la infancia

La cultura del hacedor que guía a ShowMakers Company comenzó mucho antes de que existiera la empresa como tal. Inició cuando su fundador aprendió que servir a las personas significa mucho más que ofrecer un producto.

Desde los cinco años, Emmanuel colaboraba en un salón de fiestas infantiles propiedad de sus padres, ubicado en el centro de Monterrey.  

Repartir botanas, limpiar el salón, acomodar cada detalle e incluso ponerse una botarga, fueron las primeras responsabilidades que le enseñaron la importancia de crear experiencias memorables a partir de un buen servicio.

Con el tiempo y lo que él identifica no como una casualidad, sino como algo divino, provocado por Dios, llegó a sus manos una cámara de video. Grabar las fiestas infantiles se convirtió en un descubrimiento que terminaría definiendo su gran vocación.

“Siento que ese momento fue medular en mi vida, el poder entender cómo a través de un lente, podemos capturar momentos que tiempo después pueden recordar lo que vivimos; esos recuerdos se vuelven historia”, apunta.

Esa pasión lo lleva a trabajar en producción audiovisual desde la adolescencia y, posteriormente, a fundar la empresa que hoy cuenta con 20 años de trayectoria.

Desde ahí, promueve que el talento individual encuentre su mayor potencial al ponerse al servicio del equipo. 

El gran paso

Durante la primera década, la empresa se dedicó principalmente a producir comerciales, contenido audiovisual y estrategias de comunicación para distintas marcas.  

Sin embargo, la visión de Emmanuel Palacios comenzó a transformarse para ir más allá.

De producir videos, el equipo descubrió que su verdadero propósito era ayudar a las organizaciones a comunicar aquello que las define como su cultura, sus valores y su visión de futuro.

En el año 2017, nacieron las primeras producciones de eventos corporativos y la pandemia terminó por acelerar una transformación que redefinió el negocio.

Mientras muchas industrias enfrentaban incertidumbre, ShowMakers Company integró su experiencia audiovisual con la producción de eventos para desarrollar transmisiones en vivo y experiencias híbridas.

Aquella necesidad terminó convirtiéndose en una nueva fortaleza que los mantiene vigentes.

En un medio donde la creatividad juega un papel fundamental, la cultura del hacedor que impulsa Emmanuel, reconoce en la escucha el comienzo de ésta.

Asegura que el trabajo de una empresa como ShowMakers Company consiste en convertirse en el puente entre el mensaje que una organización desea comunicar y las personas que lo recibirán.

"Creativamente buscamos los 'cómos', pero todo empieza entendiendo la necesidad del cliente”, afirma.

Ese enfoque ha permitido que la empresa acompañe a organizaciones durante algunos de sus momentos más importantes, ayudándoles a convertir objetivos estratégicos en experiencias capaces de generar emociones, pertenencia y compromiso.

Un libro lleno de aprendizajes

Celebrar veinte años de presencia en un competitivo mercado también ha significado mirar hacia atrás.

En ese contexto, Emmanuel ha decidido recopilar en un libro los principales aprendizajes obtenidos a lo largo de dos décadas de proyectos, donde la mayor parte del crecimiento provino de los errores.

“Los errores, yo creo que han sido una bendición fundamental para poder crecer porque nos han ayudado a escuchar la necesidad de los clientes como tal”, apunta. 

Y es que lejos de paralizarse por el miedo a equivocarse, considera que todas las transformaciones comienzan antes de sentirse completamente preparado.

Para ShowMakers Company, producir un evento nunca ha consistido únicamente en montar escenarios, iluminación o tecnología. El objetivo, como hacedores, es convertir un propósito en una experiencia capaz de permanecer en la memoria de quienes la viven.

 “Diseñar experiencias que ayuden a las organizaciones a expresar quiénes son, fortalecer la conexión entre sus equipos y convertir sus valores en momentos que puedan vivirse, compartirse y recordarse", afirma.

Su camino espiritual

En la historia personal de Emmanuel Palacios existe un elemento que atraviesa todas las etapas de su empresa: Su espiritualidad.

Creyente de Dios y la Virgen María, desde los primeros años, comparte que tomó la decisión de encomendar su proyecto profesional a Dios.

“Siempre he mencionado, Dios es el director, el dueño del negocio y me está dando credenciales para poderlo hacer en su nombre”, enfatiza.

Esa convicción, explica, se fortaleció durante distintos momentos personales y familiares que le enseñaron a confiar incluso en medio de la incertidumbre. Por ejemplo cuando tras largos procesos para tener hijos, junto a su esposa, decidió dejar todo en manos de Dios, o cuando dejó al todopoderoso su futuro profesional.

Hoy, considera que esa perspectiva le ha permitido asumir los retos empresariales con mayor serenidad y mantener claro el propósito detrás de cada proyecto.

“Cuando pones un proyecto de vida y cuando pones todas tus herramientas y tus talentos al servicio de Dios, es muy fácil tener la seguridad de que todo va a ir conforme a un plan perfecto", afirma.

Incluso, añade, "te pones a pensar en los peores escenarios de lo que pudiera pasar y no hay un peor escenario…creo que esa ha sido una filosofía que me ha ayudado a confiar en lo que estamos haciendo, en lo que predicamos, en lo que proponemos”.

Esa visión también quedará plasmada en su libro, “Los Hacedores”, una obra que reúne aprendizajes sobre liderazgo, trabajo en equipo, confianza, cultura colaborativa, hábitos, mindfulness y fe.