El entusiasmo de abrir una cafetería inspirada en la nostalgia mexicana dentro del casco urbano de San Pedro Garza García se vio opacada por una crisis mediática que hoy sus fundadores reconocen como una experiencia aleccionadora.
Se trata de Macario Café, un joven negocio ubicado sobre el número 402 de la calle Aldama de dicho municipio.
Gerardo Zuñiga y Maximiliano Domínguez, fundadores del proyecto relatan que el conflicto rompió la emoción con la que solían recibir los tagueos de su recién inaugurado negocio a mediados de abril.
“De repente recibimos un mensaje por Instagram sobre que nos habían tagueado en una historia. Nosotros bien felices, porque literal cada vez que nos taguean lo subimos, y pues no, no era algo tan bueno”, recuerda Gerardo.
Literal, continua, “era una persona subiendo lo que pensamos que era nuestro logo. Mucha funa, mucho hate para nosotros en ese momento”.
Fue así como se dieron cuenta que utilizaban como isotipo había sido señalada públicamente por pertenecer a una artista. El isotipo, un caballo que rápidamente se volvió reconocible entre los clientes, había sido elaborado por un diseñador contratado por la cafetería.
Los emprendedores aseguran que nunca existió comunicación directa con la artista. El primer contacto ocurrió mediante una reseña en Google y posteriormente a través de publicaciones en redes sociales.
"Directamente nunca hubo comunicación", afirmó Gerardo.
Aunque el caso generó una fuerte conversación en redes, señalan que nunca derivó en un proceso legal.
"En términos legales nunca tocamos el tema. Solo era que no quería que su imagen estuviera en nuestro negocio", indicó.
Max agregó que intentaron abrir un canal de diálogo para resolver la situación, pero éste se interrumpió.
"Intentamos siempre tener comunicación para llegar a un acuerdo, pero de repente se cortaron los canales", comentó.
Según explicaron, recibieron una propuesta para adquirir los derechos de la ilustración por US$ 3,000 dólares; sin embargo, al tratarse de un negocio recién inaugurado, no contaban con los recursos para cubrir ese monto.
"Cuando nos llega la cantidad, la verdad es un negocio nuevo. No teníamos el capital para invertir en esa ilustración, pero siempre estuvimos abiertos a llegar a un acuerdo. También bajamos la imagen y buscamos hacer una reparación del daño porque sabemos que es obra de una artista", explicó Gerardo.
El respaldo de los clientes
Los días posteriores fueron especialmente complicados para los jóvenes emprendedores, quienes recibieron numerosos mensajes ofensivos en redes sociales.
"La verdad fue muy difícil las primeras semanas porque sí fue mucho hate, muchos comentarios y muchos mensajes", relató Max.
Sin embargo, aseguran que la respuesta de quienes ya conocían el proyecto terminó siendo decisiva para superar el episodio.
También, dice, “hubo gente muy buena que se unió, que entendió que realmente se dio el tiempo de revisar todo lo que se subía a redes sociales y entender un poquito el punto de ambas partes, porque al final nunca se hizo con mala intención”
Los clientes comenzaron a visitar la cafetería para expresarles personalmente su apoyo.
"Muchos vienen y nos dicen: 'Vamos a echarle ganas, van a salir adelante'. Nos quedamos con ese amor de la gente que sí pudo entender un poco lo que estaba pasando", agrega.
Para Gerardo, ese respaldo fue el principal motor para continuar.
“De ahí agarramos esas fuerzas para poder llevar el tema, decir que no estábamos solos, que había unas personas atrás que que sí creían en el proyecto, que sí creían en nosotros y gracias a ello nos pudimos sobreponer los malos mensajes, los malos comentarios. Y seguir adelante. La cafetería, el proyecto nos gusta, está hecho con mucho amor, entonces creo que podemos llevarlo”, afirma.
Nueva identidad
Tras retirar la ilustración, los fundadores trabajan en una nueva identidad gráfica, esta vez construida con ayuda de su comunidad.
"No buscamos a alguien que nos haga una ilustración o un logo. Buscamos personas que nos ayuden a entender qué es lo que ven cuando vienen a Macario", explicó Gerardo.
Con esas aportaciones desarrollarán, junto con una agencia especializada, la nueva imagen de Macario Café.
Incluso, aseguran, haber recibido propuestas de personas de otros países como Perú, Colombia y Nicaragua que quieren sumarse y mandar propuestas.
Un proyecto con esencia mexicana
Más allá de la controversia, Macario nació con la intención de rescatar elementos de la cultura mexicana y acercarlos al público de Monterrey.
"Sentimos que aquí se ha perdido un poquito lo mexicano. Queríamos traer esa nostalgia, nombres como Soledad o Dolores, y decir: 'Esto es México, vamos a enaltecerlo'", detallo Max sobre el origen de la cafetería.
El concepto también busca recrear el ambiente del patio de los abuelos.
"Para nosotros el local es el patio de nuestro abuelo. El piso, las bancas... queríamos retomar esa historia que se vivía antes", señaló Gerardo.
Por sus ingredientes, la cafetería retoma proveedora del sur del país, el café y la miel proviene de productores de Chiapas, con quienes mantienen una relación directa para impulsar el comercio justo, y que no descartan pueda crecer con la expansión futura que esperan para la marca.
Ahora, a pesar del episodio que marcó sus primeros meses de operación, los fundadores aseguran que hoy ven la experiencia como un aprendizaje y usan esas lecciones para mejorar.
”Agradecemos todo lo que pasó. Aprendimos mucho de lo sucedido y ya estamos tomando cartas en el asunto para mejorar como marca y como personas", afirmó Gerardo.
Max, de 25 años, y Gerardo, de 23, sueñan con convertir a Macario en una marca presente en todo el país.
"Nos encantaría ver a Macario en cada estado de la República, que la gente pueda tener ese apapacho en su ciudad", expresa Max, de origen Chiapaneco mientras Gerardo, originario de la Ciudad de México, reconoce y agradece el apoyo de la sociedad regiomontana y sampetrina por el apoyo y consumo a nuevos emprendedores, como ellos.
