Octubre de cambios y marrones

La contaminación atmosférica es más visible en el otoño e invierno. En esta época estamos más expuestos.

Escrito en OPINIÓN el

En las últimas semanas hemos sido testigos de eventualidades atmosféricas que, como todos los años, avisan de la llegada del otoño, y con ello el fenómeno de inversión térmica en la atmósfera, en donde los contaminantes del aire que son generados en la Metrópoli se enfrían y densifican, quedando atrapados más cerca de la superficie terrestre.

Esto hace el efecto de una tapa de aire caliente que evita su dispersión. Es por ello que la contaminación atmosférica es más visible durante las estaciones de otoño e invierno, como una capa de material particulado suspendido con tonalidades gris-marrón.

Lo anterior no quiere decir que durante esta época del año se emitan más o menos contaminantes al aire a diferencia de la primavera o el verano, pero sí que estamos más expuestos a la contaminación del aire, porque ésta se acumula y transporta horizontalmente y no puede dispersarse verticalmente hacia capas más altas, lejos de nosotros.

Este año hemos recibido 566 milímetros de lluvia de enero a septiembre, de los cuales 113 cayeron sólo durante septiembre, de acuerdo con los registros del Servicio Meteorológico Nacional. Octubre nos recibe también con algo de lluvia durante el primer fin de semana del mes.

Así como el viento, la lluvia es un factor clave que evita que los contaminantes respirables permanezcan suspendidos. Por tanto, estos fenómenos meteorológicos “limpian” nuestro aire y reducen la contaminación atmosférica. Así, pasamos de tener días con mala calidad del aire e inversión térmica, a días con aire limpio y lluvias.

La realidad es que la contaminación no desaparece. Como bien enunció el padre de la química moderna, Antoine-Laurent Lavoisier, la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Los contaminantes que se emiten al aire no desaparecen, sólo se transportan y, durante su viaje al suelo o al agua, se transforman, acumulándose e impactando otros sistemas vivos de los cuales depende la salud humana y la del planeta.

El cambio de estación del año no es la única transición.  Los líderes que gobiernan nuestro país, nuestro congreso local y federal, y también los alcaldes de los municipios del estado de Nuevo León cambian.

Octubre podría convertirse en una metamorfosis atmosférica y política que afectará nuestro bienestar a menos que juntos, sociedad y gobierno, emprendamos una planificación colaborativa que resuelva las causas que afectan la calidad de nuestro aire.  Esto incluye crear un programa efectivo de respuesta a contingencias atmosféricas para proteger la salud pública, controlar las emisiones del desarrollo urbano y de las fuentes fijas, así como generar proximidad y movilidad activa e integrada para reducir el uso del automóvil.

Ojalá que cada cambio de estación traiga consigo espectáculos paisajísticos como las migraciones de aves, o la coloración de la vegetación en nuestras montañas y parques urbanos. La normalidad del otoño es aquella donde las tonalidades del marrón se lucen en las hojas que caen de los árboles, en las alas de las mariposas, y no en la atmósfera, que con cada inhalación visita nuestros pulmones.

La autora es Directora Ejecutiva del Observatorio Ciudadano de Calidad del Aire del Área Metropolitana de Monterrey (OCCAMM)