En tiempos de una transición cultural en México que produce incertidumbre y transformación, fortalecer la agenda pública no es solo una necesidad institucional, sino que representa una oxigenación para la vida democrática.
La agenda pública no es más que el conjunto de prioridades, la atención a los problemas y las relaciones afectivas de nuestra sociedad. Cuando esta agenda se construye de manera participativa, estratégica y con visión de futuro, se convierte en el motor de un desarrollo sostenible, de cohesión social y una gobernanza efectiva.
Por el contrario, una agenda pública débil o fragmentada suele estar dominada por intereses coyunturales, presiones mediáticas o cálculos políticos de corto plazo.
Una agenda pública que divide en vez de unir puede llevarnos a una crisis de gobernanza. Además, genera políticas reactivas, improvisadas y muchas veces desconectadas de las verdaderas necesidades ciudadanas.
Por ello, desde el Gabinete de Buen Gobierno impulsamos acciones y estrategias que garanticen prioridades reales, basadas en evidencia y diálogo social: evaluando resultados, con indicadores claros y metas compartidas y construyendo confianza entre ciudadanía e instituciones.
La importancia de una visión a corto, mediano y largo plazo debe articularse en tres horizontes temporales: corto plazo, resolver lo urgente sin perder de vista lo importante. Aquí se atienden crisis, emergencias o demandas inmediatas, pero con criterios que no comprometan el futuro. Mediano plazo, consolidar reformas, programas y políticas que requieren continuidad. Largo plazo, imaginar el Nuevo León que anhelamos y queremos que sea.
Este horizonte exige pensar en generaciones futuras, en sostenibilidad, innovación y justicia generacional. Nos corresponde dialogar con las dependencias que forman el Gabinete de Buen Gobierno que honrosamente represento, para enfrentar los desafíos que requieren constancia, diálogo y planificación.
Fortalecer la agenda pública no es tarea exclusiva del Estado. Requiere la participación activa de la sociedad civil organizada, la academia, el sector privado, pero, sobre todo, de la ciudadanía. La visión compartida solo se construye con el diálogo, la transparencia y la voluntad de transformación.
Hoy más que nunca, necesitamos agendas públicas que no sólo respondan al presente, sino que proyecten un futuro más justo, resiliente y humano. Porque gobernar bien no es solo administrar lo urgente, sino sembrar lo trascendente para un mejor futuro.
FRASE:
“La agenda pública no es más que el conjunto de prioridades, la atención a los problemas y las relaciones afectivas de nuestra sociedad. Cuando esta agenda se construye de manera participativa, estratégica y con visión de futuro, se convierte en el motor de un desarrollo sostenible”
