Alquimia

Ante el cese de la versión impresa de la revista Alquimia, vale preguntarse, más allá del motivo de la desaparición de este formato, el por qué se ha guardado tanto silencio al respecto.

Créditos: Especial
Escrito en OPINIÓN el

La desaparición física-impresa de la revista Alquimia ha pasado prácticamente desapercibida para el gremio de los fotógrafos en general: autores, becarios, comisarios, investigadores, gestores, historiadores, instituciones, coleccionistas, ganadores de la Medalla al Mérito Fotográfico… nadie se ha pronunciado al respecto.

Desde el año pasado la publicación dejo de aparecer-salir-venderse en los eventos libreros del Zócalo, el Museo Nacional de Antropología y las librerías del Instituto Nacional de Antropología e Historia en las calles de Córdoba, Colonia Roma, y Hamburgo, Colonia Juárez, en los 2 últimos sitios solo se encuentran disponibles unos cuantos ejemplares de algunos números atrasados.

Extraño mutismo de un gremio que solía congregarse en la presentación de cada nuevo número de la publicación, los últimos dos 76 y 77 en un solo acto en Tlatelolco en junio del año pasado, pero correspondientes a 2023.

Cómplices en este prolongado silencio son los públicos a los que están dirigidos espacios como el Centro de la Imagen, el Museo Archivo de la Fotografía y las fototecas estatales, por mencionar solo tres de los que mal funcionan con recursos del contribuyente en torno a la foto y sus autores.

¿Qué llevó al INAH a cancelar la impresión de la revista Alquimia?

La publicación surgió en 1997 como el órgano del Sistema Nacional de Fototecas. En sus más de 25 años de vida impresa contó con tres editores responsables, el más longevo fue el ya desaparecido José Antonio Rodríguez. Hubo también editores invitados, como Carlos Córdova y Rebeca Monroy; ellos fueron los encargados de los números sobre el Pictorialismo y Mujeres fotógrafas, respectivamente, ediciones cuyo impacto continúa vigente a pesar de los años transcurridos. Otro número destacado es el que se dedicó a Mariana Yampolsky.

Cualquier interesado en la fotografía sabe que es tal cuando está impresa y que su principal medio de divulgación han sido históricamente las revistas; hay incluso en el gremio académico quien considera como originales las imágenes en impresos de época porque es lo único que se conoce, a lo que se tiene acceso en la mayoría de los casos ya que no hay, no existen, los vintages que en su momento las publicaciones dieron a conocer en sus páginas a los lectores.

Hay que señalar que pasó ya más de un año, todo el 2024 y lo que va del actual, de que Alquimia dejo de salir en papel y que está por arribar al cuarto número en su nueva versión como revista digital. Conviene recordar que su periodicidad es cuatrimestral y que casi nunca salió a tiempo en su antiguo formato.

El desdén por lo que pasa con la publicación impresa no es solo del gremio fotográfico, sino del mundo de la cultura y el periodismo cultural, nadie parece estar enterado o ¿será que no les importa? No ha habido una sola nota informativa al respecto en atención a los lectores que compraban-pagaban la revista. ¿Cuántos ejemplares se vendían? ¿Cuánto dinero se recuperaba por tal concepto?  

Si bien Alquimia impresa tenía sus fallas y omisiones, tanto propias del medio técnico como gremial ante su ausencia física, son más sus contribuciones sobre la divulgación de autores y su obra, que lo negativo sobre el mismo tema. En cuanto al pro, baste citar a Librado García Smarth y María Santibáñez, 2 nombres publicados que en los últimos años gozan de una notable presencia. Entre lo segundo hay que citar la altanería y el cinismo de sus responsables al sacar-censurar en el número dedicado a la fotografía contemporánea a un autor como Pablo López Luz. El motivo de tal abuso de poder: solicitó conocer-mirar el dummy en la parte correspondiente a la publicación de su trabajo. No se trata de exhibir a nadie, pero dudo que en la selección final del número en cuestión haya un autor con el reconocimiento del que dejaron fuera. 

La revista cuenta con un consejo de asesores, un total de 11 nombres de los cuales los más importantes ya están muertos: Carlos Jurado, Marco Antonio Cruz, Patricia Mendoza y José Antonio Rodríguez.  Al cambiar de formato lo más sano hubiese sido renovar dicha asesoría y nombrar a los reemplazos de los que ya no están ¿Se tomó en cuenta a dicho consejo al dejar de imprimirla?

Ante el desinterés que impera en el gremio fotográfico y el desprecio del INAH por el mismo, así como por los autores en lo individual y a la fotografía misma: ¿Habrá alguien en el Gobierno de Claudia Sheinbaum qué dé la cara por Alquimia? ¿Qué explique porqué dejó de aparecer impresa? ¿Qué diga qué pasa u ocurrió al respecto? El que mute a digital no implica que la revista no cueste al contribuyente y mucho exhibe la carencia de sensibilidad y responsabilidad de los funcionarios de tal afrenta; allí siguen, son los mismos del sexenio pasado o hace varios ya.

Por último, en el stand del INAH, compartido con una empresa de seguros, en la pasada edición de Zsonamaco, los encargados del mismo, con uniformes de trabajo del organismo gubernamental, al preguntarles “¿tienen la nueva Alquimia?” respondían con mucha seguridad: “No, ya no va a salir”. En tanto los verdaderos responsables callan, nada dicen, miran para otro lado.