Vivimos una época en la que los grandes desafíos no reconocen fronteras. El cambio climático, la migración, la reconfiguración de las cadenas productivas, la disrupción tecnológica y las tensiones geopolíticas forman parte de una misma conversación global. Pretender atenderlos desde una sola capital o desde una sola institución es insuficiente.
En ese nuevo tablero, los gobiernos subnacionales han dejado de ser espectadores para convertirse en actores con responsabilidad y con capacidad real de incidencia. En ese contexto, la Asociación Mexicana de Oficinas de Asuntos Internacionales de los Estados (AMAIE) se ha consolidado como una plataforma estratégica para articular la voz de las entidades federativas en el mundo.
No se trata de un ejercicio protocolario, sino de un espacio de coordinación, profesionalización y construcción de agenda común que permite que lo local también pese en la conversación global. Hace unos días, en el marco de la Reunión Anual de Embajadores y Cónsules, tuvimos la oportunidad de constatarlo en la recepción con más de 60 representantes diplomáticos de México en el exterior.
Ahí se refrendó algo fundamental: Nuevo León no sólo es hoy un motor económico del país, sino también un referente en diplomacia subnacional, atracción de inversión extranjera y cooperación internacional. Este liderazgo no es casual. Es resultado de una visión clara impulsada por el gobernador Samuel García: pensar global y actual local. Bajo esa lógica, el estado ha alineado su estrategia de desarrollo a la Agenda 2030 y ha apostado por sectores que definen el futuro: electromovilidad, manufactura avanzada, inteligencia artificial, nearshoring y tecnologías verdes.
El Plan de Refuerzo Económico “Así Asciende Nuevo León” es prueba de que la competitividad también se construye con política pública, coordinación institucional y apertura al mundo. A esta visión se suma un momento particularmente relevante para el país y para nuestras regiones: el Mundial del 2026. No se trata únicamente de un evento deportivo, sino de una plataforma global de proyección, atracción de inversión, turismo y posicionamiento internacional.
Preparar a los estados para aprovechar esa ventana histórica, exige coordinación, diplomacia subnacional y una narrativa como país que muestre lo mejor de México al mundo.
En ese esfuerzo, la AMAIE tiene un papel estratégico para articular agendas, capacidades y oportunidades entre las entidades federativas. Por eso, no es menor que el próximo 20 de enero, Nuevo León asuma la presidencia de la AMAIE. Es un honor, pero sobre todo una enorme responsabilidad. Significa dar continuidad al trabajo realizado en el estado de Querétaro y, al mismo tiempo, elevar la ambición colectiva: que la acción internacional de los estados mexicanos tenga más método, más presencia y más impacto.
En nuestro programa de trabajo se ha planteado parte de una premisa simple pero poderosa: fortalecer capacidades internas, generar alianzas estratégicas, incidir en espacios multilaterales, impulsar la paradiplomacia migratoria, promover las nuevas diplomacias (la cultural, la deportiva, la científica y la ambiental) y dar mayor visibilidad al trabajo de la Asociación. Todo ello en estrecha coordinación con la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID) y nuestra red diplomática.
Lo que está en juego es más que una agenda institucional. Es la posibilidad de que los estados participen activamente en la construcción de soluciones globales con impacto local y una voz en las necesidades y riesgos en las negociaciones del TMEC: atraer más inversión, abrir más oportunidades para nuestras empresas y universidades, intercambiar buenas prácticas en políticas públicas y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de nuestra gente.
En un mundo cada vez más fragmentado, la cooperación vuelve a ser un valor estratégico. La AMAIE es, justamente, un instrumento para que esa cooperación no se quede en el discurso y se traduzca en proyectos, acuerdos y resultados. Que Nuevo León encabece esta etapa es una señal clara de que México puede y debe proyectarse al mundo desde la fortaleza de todas sus regiones. Pensar global y actuar local ya no es una consigna. Es una realidad en marcha. Y es también, una responsabilidad compartida.
FRASE:
“Nuevo León no sólo es hoy un motor económico del país, sino también un referente en diplomacia subnacional, atracción de inversión extranjera y cooperación internacional”
