En otros espacios y desde hace tiempo he asegurado que el 2026 será el año del T-MEC. Lo ocurrido en estas últimas semanas me lo confirman.
Las acciones y declaraciones recientes del Gobierno de Estados Unidos han dejado claro que nuestro vecino del norte conduce su política exterior conforme a sus intereses económicos y geopolíticos. Nada más. Nada menos.
Entender esta lógica no debe alarmarnos, sino que, por el contrario, debe llevarnos a reconocer dónde radica la verdadera fortaleza de México.
Esa fortaleza está en el T-MEC.
México es hoy el principal socio comercial de Estados Unidos y un aliado estratégico imposible de sustituir. Nuestra integración productiva, la profundidad de nuestras cadenas de valor y la interdependencia entre nuestras economías hacen del Tratado un pilar de estabilidad regional.
Para México, el T-MEC es la columna vertebral de nuestra economía: sostiene millones de empleos, impulsa sectores completos y garantiza nuestra competitividad frente a otras regiones del mundo. Para Estados Unidos, el Tratado mantiene la viabilidad económica de estados enteros —como Texas— y representa su principal plataforma de acceso a América Latina.
Por ello, mientras más se fortalezca la cooperación económica entre México y Estados Unidos, menos margen habrá para decisiones unilaterales que busquen socavar nuestra estabilidad o vulnerar nuestra soberanía. El comercio, en nuestro caso, también es un mecanismo de contención política.
Como presidente de la Comisión de Seguimiento del T-MEC, he escuchado de primera mano a empresarios, inversionistas y actores políticos estadounidenses reconocer el papel central de México como socio económico y geopolítico.
Más allá del ruido, estoy cierto que esa idea prevalece dentro y fuera del Gobierno del presidente Trump.
Hoy más que nunca, defender el T-MEC es defender a México.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado justamente eso: ha dejado claro nuestra relevancia e interdependencia económica, y la necesidad de que ambas naciones fortalezcan su comunicación y coordinación.
Defender el T-MEC implicará unidad y responsabilidad. No hay, hoy, espacio para la confrontación.
El futuro económico de la región, aún más, nuestra propia estabilidad entrará a revisión este año.
Desde el Senado de la República, y como presidente de la Comisión de Seguimiento del T-MEC, mi compromiso este año será el de continuar defendiendo al T-MEC como una herramienta de desarrollo económico, como mecanismo de fortalecimiento regional, y, sobre todo, como garante de nuestra soberanía.
