El desgaste que resulta del ejercicio del poder público erosiona la popularidad de todos los gobernantes, independientemente de su afiliación ideológica o partidista.
En Nuevo León, donde hemos tenido una verdadera alternancia política, única en el país, los partidos que han ejercido el poder han visto afectado su capital político y su respaldo ciudadano por los costos asociados a decisiones impopulares, e incluso por el simple hecho de ser los responsables de lo bueno y malo que pasa en la entidad.
El desgaste histórico de los gobiernos emanados del PRI en México y Nuevo León, generaron la primera alternancia política en el estado, con la llegada al poder del PAN. Desencantados con el gobierno de Fernando Canales, la gente decidió regresar al PRI.
Aún con el bono ciudadano, los gobiernos de Natividad González Parás y Rodrigo Medina, volvieron a desgastar el apoyo popular al PRI y el electorado se decidió por la alternancia y por darle el beneficio de la duda a un candidato independiente: El Bronco.
Con la inercia del desgaste de gobierno y una ciudadanía empoderada electoralmente, la gente decidió castigar al Bronco independiente y votar en Nuevo León, a nivel federal, por Andrés Manuel López Obrador para presidente en 2018.
Pero el desencanto vino pronto, pues en 2021, a nivel estatal, mi razonamiento es que la ciudadanía no quería otro candidato independiente, no estaba decidido por Morena y definitivamente no estaba convencida de regresar al poder al PRI o al PAN.
Nuevamente, la gente de Nuevo León, ejerciendo su derecho al voto y con un criterio de búsqueda permanente de alternativas de gobierno, se decantó por el candidato de Movimiento Ciudadano (MC) y eligió gobernador a Samuel García.
Con la inercia natural del desgaste de gobierno, resultado del ejercicio del poder, Nuevo León se encuentra hoy en la antesala de una nueva elección a gobernador a ejercerse en 2027.
Una conclusión importante de los resultados electorales de los últimos años en Nuevo León es que la ciudadanía se encuentra empoderada y ávida de buscar nuevas alternativas de gobierno para tratar de resolver los problemas que aquejan a nuestra entidad.
En este sentido, ningún partido ni oferta política tiene asegurado hoy el triunfo. Los principales partidos, PRI, PAN, Morena y MC, tienen positivos y negativos que deberán administrar para proyectar una buena oferta política al electorado.
Por ejemplo, a pesar de cargar con un gran desgaste histórico, el PRI parece estar permeando a la ciudadanía la noción de que el partido sí sabe gobernar. Adrián de la Garza se perfila como el candidato más fuerte y la única opción viable del PRI para competir por la gubernatura.
En el PAN, su plataforma política se realineó con los valores tradicionales de su ideología, lo que representa un gran atractivo para el sector conservador en Nuevo León, que es considerable. Fernando Margain, Carlos de la Fuente y Daniel Carrillo pueden alzarse con la candidatura del PAN, en caso de que éste no se coaligue con el PRI.
En Morena, los gobiernos emanados de su plataforma en los tres niveles de gobierno han sido de claroscuros, generando gran simpatía de los sectores vulnerables dentro y fuera de Nuevo León y también un desgaste que ya empieza a generar un creciente descontento.
Cabe aclarar que en Nuevo León no hay desgaste directo de gobierno asociado a Morena, ya que no han ejercido el gobierno estatal. Waldo Fernández, Tatiana Clouthier, Andrés Mijes y Clara Luz Flores, pueden representar a Morena en las próximas elecciones.
Movimiento Ciudadano está resintiendo el desgaste del gobierno estatal, pues es quien ejerce el poder público en la entidad.
Sin embargo, creo que la gente aún los percibe como una opción viable, en caso de que se decidan a no regresar el poder a los partidos tradicionales o elegir a Morena. Mariana Rodríguez, Luis Donaldo Colosio o Héctor García podrían ser sus abanderados.
La moneda está en el aire: Las encuestas muestran que si no hay alianzas partidistas, Morena ganará la gubernatura en 2027. Si se coaligan el PRI y el PAN, la batalla estará de pronóstico reservado.
Sólo una alianza entre PRI, PAN y MC podría vencer con comodidad a Morena en el 2027.
Independientemente, de quién dispute la gubernatura en 2027, su plataforma electoral debe centrarse en solucionar los grandes retos que afronta el estado de Nuevo León: reconstruir la movilidad urbana, reducir la contaminación, asegurar el abasto de agua, resolver la inmigración, abatir la inseguridad y todo ello para impulsar la inversión.
La alineación de la oferta política de los candidatos con la solución a estos retos, será una ventaja para la competitividad de los partidos.
