El fin de año siempre es una oportunidad, además de estar en familia, de hacer una pausa para reflexionar sobre las oportunidades y los desafíos que enfrentará nuestro estado el próximo año.
Quizás lo primero que viene a la mente de las y los nuevoleoneses al pensar en el 2026 es en el Mundial del Fútbol. Sin dejar de lado la relevancia de este evento, pensar en Nuevo León rumbo a 2026 obliga a ir más allá de coyunturas y eventos internacionales.
Nuestro estado enfrenta retos estructurales importantes en materia de movilidad, contaminación y agua al mismo tiempo que continúa creciendo poblacionalmente con gran intensidad, particularmente en las periferias. Dichos retos tienen implicaciones en la vida diaria de vida de millones de nuevoleonesas y nuevoleoneses, y atenderlos no es una concesión política, es una obligación del Estado.
Se habla mucho hoy de obras emblemáticas para el Mundial de Fútbol, que si bien es importante, no puede ser el centro de la discusión. El mundial colocará a nuestro estado en el escaparate global, pero las ciudades deben gobernarse para quienes aquí vivimos.
La movilidad se ha convertido en uno de los principales factores de desigualdad. Aún en 2025, miles de personas pierden horas de su vida en traslados interminables, tiempo que debería destinarse a la familia, al descanso o al desarrollo personal. Nuevo León necesita avanzar hacia un sistema de transporte público eficiente, accesible y bien planeado, pensado no para cumplir con una fecha, sino para mejorar de manera permanente la calidad de vida.
La contaminación del aire es otro pendiente histórico. Durante años se aceptó que enfermar por respirar era el costo del desarrollo. Esa narrativa es falsa. El crecimiento económico no puede sostenerse a costa de la salud de la población. Nuevo León puede ser un estado industrial fuerte y, al mismo tiempo, garantizar el derecho a un medio ambiente sano, con regulación efectiva, monitoreo confiable y decisiones firmes, sin simulaciones.
La crisis de agua que vivimos hace tres años nos dejó una lección que no podemos olvidar: lo que sucede cuando hay décadas de falta de planeación. Aunque hoy la situación es distinta, no hay espacio para la complacencia, menos si estamos esperando a miles de personas durante el verano. En materia de agua, el 2026 exigirá inversión, tecnificación, reutilización y una gestión responsable del recurso, con transparencia.
Nuevo León tiene una gran oportunidad hacia 2026. El reto para nuestros gobernantes es aprovecharla no solo para organizar un evento mundial, sino para construir un estado más justo, más sano y con mejor calidad de vida para quienes lo habitan. Ese debe ser el verdadero compromiso.
