Fórmula E en México: velocidad, ciudad y futuro

Desde los tiempos de la pandemia, esta categoría 100% eléctrica se ha posicionado en el publico mexicano que reconoce la habilidad de estos bólidos casi silenciosos.

Raúl Curiel
Raúl CurielCréditos: Especial
Escrito en OPINIÓN el

Monterrey. - Es la tercera ocasión que soy invitado por Nissan Formula E Team a presenciar el “e Prix Ciudad de México”, y me queda claro que la Fórmula E no llegó a México solo para correr. Llegó para incomodar, cuestionar y, sobre todo, para demostrar que el automovilismo del futuro no necesariamente huele a gasolina ni suena como lo conocimos durante décadas. En una ciudad tan compleja como la Ciudad de México, el campeonato eléctrico encontró un escenario ideal: caótico, vibrante y profundamente simbólico.

Desde su primera visita, el ePrix de México se convirtió en uno de los eventos mejor organizados y más concurridos del calendario mundial. No es casualidad. El país tiene una cultura automotriz arraigada, una afición conocedora y una metrópoli que enfrenta retos urgentes de movilidad, contaminación y sustentabilidad. La Fórmula E conecta con esa conversación, aunque no siempre se diga explícitamente.

Más allá del espectáculo, la relevancia del campeonato está en su mensaje. Mientras la industria automotriz acelera hacia la electrificación, la Fórmula E funciona como laboratorio rodante. Las tecnologías que hoy compiten en el Autódromo Hermanos Rodríguez mañana llegarán a los autos que circulan por Periférico, Insurgentes o cualquier avenida del país. En ese sentido, México no es solo anfitrión: es vitrina.

También hay una lectura económica y de posicionamiento global. La Fórmula E coloca a México en la agenda internacional como un mercado abierto a la innovación, la sostenibilidad y las nuevas formas de movilidad. En tiempos donde las ciudades compiten por inversión, talento y eventos de alto impacto, mantener al ePrix en el calendario no es un lujo, es una estrategia.

El reto, claro, es que el mensaje no se quede en la pista. La Fórmula E debería ser punto de partida para una conversación más profunda sobre infraestructura de carga, políticas públicas y acceso real a la movilidad eléctrica. El aplauso del domingo no basta si el lunes la ciudad sigue sin avanzar al mismo ritmo.

Por cierto, el año pasado Oliver Rowland, de la escudería Nissan, ganó la carrera aquí, y no saben la locura que se armó en el padoc anfitrión. La Fórmula E en México no es perfecta, pero es necesaria. Porque nos recuerda que el automovilismo, como la movilidad, también puede reinventarse. Y que el futuro, aunque silencioso, ya está corriendo frente a nosotros.

¡Adiós!

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