Nuevo León ha sido sinónimo de empuje, de trabajo y de progreso desde hace décadas. Hoy esa realidad se estrella contra la barda de un gobierno estatal que prefiere mirar hacia otros lados, mientras las calles de la zona metropolitana colapsan. Lo que miles de ciudadanos viven a diario no es solo un problema de tráfico; es un monumento a la insensibilidad política.
Hoy un trabajador promedio en Nuevo León destina entre tres y cuatro horas de su día simplemente a intentar moverse. Hablamos de tiempo de vida que se queda atrapado en una parada de camión, en un vagón del metro insuficiente o en un embotellamiento interminable. Ese tiempo no regresa. Son horas que se le roban a los hijos, al descanso y a la dignidad de la persona.
El Rostro de la Indiferencia
Es profundamente irresponsable y cruel ver cómo se arriesga a las madres de familia. Ellas, que son el pilar de nuestro estado, tienen que esperar bajo el sol o en la inseguridad de la noche a que un camión —que quizá nunca llegue— se digne a pasar. ¿Cómo se puede dormir tranquilo sabiendo que una mujer tiene que pasar horas de incertidumbre para llegar a su hogar tras una jornada laboral?
La crisis del transporte no sólo afecta el ánimo; golpea directamente la productividad. Las horas-hombre perdidas en el desorden vial son una sangría económica para nuestras empresas y comercios. El caos de movilidad ha convertido los trayectos hacia los municipios conurbados en misiones imposibles, aislando a quienes más necesitan conectividad para estudiar o trabajar.
Un Llamado a la Acción
La política debe servir para mejorar la vida de la gente, no para alimentar egos. Cerrar líneas del metro sin alternativas eficientes o anunciar camiones que no se ven en las calles es burlarse del esfuerzo de los ciudadanos.
Necesitamos que los funcionarios se bajen de su burbuja y camine las paradas de autobús. La movilidad es un derecho humano, y hoy, en nuestro estado, ese derecho se encuentra secuestrado por la mala planeación. Es hora de dejar las excusas y devolverle a la gente lo más valioso que tiene: su tiempo y su tranquilidad. ¡Recibiremos juegos mundialistas para que se muevan a vuelta de rueda!
