En un estado como Nuevo León, donde el crecimiento urbano ha avanzado más rápido que la planeación ambiental, es necesaria impulsar la iniciativa que presenté para generar un censo de los árboles que se siembran en la entidad; y representa una propuesta necesaria además de estratégica.
Y hacerlo hoy se vuelve aún más urgente cuando nos hemos dado cuenta que hay organismos incluso de la sociedad civil que en los últimos años en nuestro estado, han lucrado sobre la siembra de árboles de forma opaca, ya que no hay quien pueda auditarles y menos obligarlos a garantizar el cuidado de las especies.
No se trata únicamente de plantar ejemplares para la fotografía oficial, sino de garantizar que cada árbol tenga seguimiento, ubicación y condiciones adecuadas para sobrevivir.
Contar con un censo de árboles es fundamental para cualquier política pública seria en materia ambiental. Permite saber cuántos árboles existen, en qué zonas están, qué especies predominan y cuáles requieren mantenimiento o sustitución.
Sin datos claros, la reforestación se convierte en un esfuerzo disperso y, muchas veces, simbólico. En algunos casos, como el que recientemente vivimos en Nuevo León, opaco.
Con información precisa, en cambio, se pueden diseñar estrategias focalizadas para combatir las islas de calor, mejorar la calidad del aire y recuperar espacios públicos.
Los beneficios de este censo serían tangibles. Facilitaría la programación de riego, poda y monitoreo sanitario; ayudaría a prevenir plagas y a reducir la mortandad de árboles recién plantados; y permitiría evaluar qué especies se adaptan mejor al clima extremo de la región.
Además, abriría la puerta a la participación ciudadana, al transparentar resultados y fomentar la corresponsabilidad social en el cuidado del arbolado urbano. Pero más allá de la propuesta legislativa, este tema interpela directamente a los gobiernos municipales y al estatal.
Son ellos quienes ejecutan las políticas ambientales en territorio y quienes deben asumir la responsabilidad de generar y actualizar censos confiables.
La planeación ambiental no puede depender de ocurrencias ni de campañas aisladas; requiere continuidad, presupuesto y compromiso institucional.
En tiempos donde el cambio climático golpea con sequías prolongadas y temperaturas récord, impulsar un censo de árboles es una acción de visión a largo plazo.
Este tipo de iniciativas no solo ordena la política ambiental, sino que coloca a Nuevo León en una ruta vanguardista, donde la sostenibilidad deja de ser discurso y se convierte en gestión basada en datos.
