La fuerza de los consensos

“Ningún proyecto de transformación social o iniciativa del bien común puede sostenerse únicamente con la voluntad política de una sola voz o grupo particular; se requiere del encuentro de múltiples perspectivas”.

Escrito en OPINIÓN el

En tiempos de transiciones económicas, políticas y sociales, la construcción de consensos se convierte en la estrategia central del motor de la gobernabilidad.

Ningún proyecto de transformación social o iniciativa del bien común puede sostenerse únicamente con la voluntad política de una sola voz o grupo particular; se requiere del encuentro de múltiples perspectivas, del reconocimiento de las diferencias y de la capacidad de tejer acuerdos que trasciendan intereses particulares.

En este punto, lo esencial no sólo es ver el impacto del proyecto o iniciativa, sino la capacidad del diálogo que concluye con acuerdos.

El consenso no significa uniformidad ni renuncia a las convicciones, sino más bien la madurez de entender que el bien común se alcanza cuando las instituciones, los ciudadanos y los liderazgos se sientan a la mesa con disposición de escuchar y de ceder; de entender que la tolerancia es ida y vuelta.

La historia demuestra que los grandes avances de nuestras sociedades han nacido de pactos amplios, donde la diversidad se convierte en fortaleza y no en obstáculo. El progreso y el desarrollo de muchas comunidades a nivel mundial se han logrado gracias a la visión compartida de una ciudadanía unida, pero, por el otro lado, de actores que primero piensan en el bien común y después en sus intereses específicos.

En Nuevo León, y en la región binacional que compartimos con Texas, la necesidad de consensos es aún más evidente. Los retos del agua, la movilidad, la seguridad y el desarrollo económico no reconocen fronteras partidistas ni geográficas. Requieren acuerdos que integren gobiernos, empresas y sociedad civil en un mismo horizonte de responsabilidad compartida.

Lo que hace mucho daño a una sociedad son las imposiciones, polarizaciones rígidas que frustran el diálogo; la fragmentación cuando cada grupo actúa por separado; el bloqueo institucional que impide el avance de las políticas públicas y la confrontación que se convierte en una lucha de poder en lugar de resolver. 

La construcción de consensos es también un acto de confianza. Confianza en que las instituciones pueden ser espacios de diálogo y no de confrontación; confianza en que la ciudadanía tiene la madurez para exigir soluciones conjuntas; confianza en que los liderazgos políticos pueden anteponer el futuro colectivo a la coyuntura inmediata.

Hoy más que nunca, necesitamos consensos que nos permitan avanzar con estabilidad, que fortalezcan la unidad cívica y que conviertan la pluralidad en un activo para el desarrollo. Sin consensos, la política se reduce a imposiciones; con ellos, se transforma en un puente sólido hacia el bienestar común.