El progreso de Nuevo León no es obra de la casualidad ni es nuevo; lleva décadas de esfuerzo. Si este estado es la punta de lanza económica de México, es porque hay una fuerza silenciosa pero implacable que sostiene su estructura cada día: las mujeres.
Sin embargo, mientras el mundo admira nuestras cifras de inversión extranjera y nuestra potencia industrial, poco se habla de la verdadera infraestructura que permite que Nuevo León no se detenga.
En nuestro estado, según el INEGI, casi 487,000 hogares son sostenidos exclusivamente por una mujer. Una de cada cuatro familias regiomontanas tiene a una jefa de familia que es, al mismo tiempo, proveedora, administradora y guía.
Pero su impacto no termina en el gasto del hogar. A nivel nacional, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado —realizado en un 75 por ciento por mujeres— representa el 22.8 por ciento del PIB. Es decir, las mujeres aportan a la economía más que toda la industria manufacturera junta.
En Nuevo León, la mujer es la cuidadora de los adultos mayores, dedicando hasta 39 horas semanales a una labor que el Estado aún ni alcanza ni quiere cubrir. Son ellas quienes garantizan que los enfermos sanen y que los ancianos vivan con dignidad, a menudo sacrificando su propio crecimiento personal y profesional.
Si las mujeres ya gobernamos la economía del hogar, si ya sostenemos el sistema de cuidados y si somos piezas clave en la productividad de las empresas, ¿por qué seguir postergando su liderazgo en la toma de decisiones más alta del Estado?
Nuevo León está listo para ser gobernado por una mujer por su sensibilidad para resolver las crisis sociales, que combinada con la disciplina financiera que las jefas de familia aplican cada quincena, es exactamente lo que el estado necesita para evolucionar.
No se trata sólo de representación; se trata de justicia para quienes han construido este estado desde la base. Gobernar con visión de mujer significa transitar de un modelo de "obras a medias o de relumbrón" a uno de bienestar real. Significa que el progreso se sienta en la mesa de cada familia y que el sistema de cuidados sea una política pública, no una carga individual.
El futuro de Nuevo León tiene nombre y apellido femenino. Es hora de que el liderazgo político esté a la altura del liderazgo social que las nuevoleonesas ejercen todos los días. Porque si Nuevo León es grande, es por sus mujeres; son la estructura que lo ha hecho así.
