En el Área Metropolitana de Monterrey (AMM) ser usuario del transporte público es un verdadero viacrucis: pocos camiones, horas en el tráfico y en general, un mal servicio.
Por si fuera poco cada vez es más caro. En los últimos cuatro años el camión ha incrementado su tarifa a niveles nunca antes visto, sin que esto signifique, hasta hoy, una mejora en el servicio.
Por eso, no sorprende que cada vez haya menos usuarios del transporte público. Según la última Encuesta Así Vamos 2025, expuso que desde la pandemia de Covid-19, la proporción de habitantes en la ciudad que utilizan este medio de movilidad no incrementó, sino que cayó a 23.7 por ciento. una disminución en la proporción de habitantes que dijo trasladarse en transporte público, cayendo a 24 por ciento.
Por si fuera poco, para quienes aún lo utilizan se enfrentan a un sistema de pago que no les facilita el servicio, sino que se los complica.
Hace algunos días, un ciudadano me contactó. Me contó que una y otra vez la aplicación móvil de Urbani, no refleja las transacciones durante días, sin posibilidad de recuperar ese dinero y con una pésima atención al cliente. No hay nadie, fuera de un robot por Whatsapp, que pueda darle solución a su problema.
Es decir: existen transacciones fantasma donde el dinero desaparece de sus cuentas sin reflejarse en la aplicación, dejando al usuario varado y sin respuesta.
Tampoco hay alternativas: el Gobierno del Estado ha restringido el uso de efectivo en Metro/Transmetro, Ecovía, y camiones Muevoleón.
Parece increíble pensar que las políticas impulsadas desde la administración estatal no han sido una solución para los usuarios, sino un problema mayor.
Hay cosas que podemos hacer. Ahí está Jalisco.
El gobernador Pablo Lemus buscó obligar a las y los ciudadanos del estado a dejar de utilizar efectivo en el transporte, pasar a una tarjeta de débito con un banco privado, e imponer un aumento desproporcionado a la tarifa del transporte. Pero no lo logró. Las y los ciudadanos se organizaron en contra de estas medidas, que consideraron injusta y se ampararon.
El gobernador tuvo que dar marcha atrás, descartar el aumento en la tarifa y uso obligatorio de Tarjeta Única. Si bien la batalla no está del todo ganada, hay que reconocer este logro y sobre todo, el precedente que deja para Nuevo León.
¿Por qué no pensar en impulsar una serie de políticas públicas que reviertan los tarifazos, y den opciones de compra a los usuarios?
Tener un sistema más accesible, moderno y eficiente implica pensar en el usuario, en lo que necesita y no en lo que desde un escritorio gubernamental se piensa que es lo mejor.
Lo que para el discurso gubernamental es modernización, para el ciudadano de a pie es un viacrucis sistemático.
La tecnología debe ser un facilitador, no un obstáculo. Si la tecnología no le sirve al ciudadano, no tiene ningún caso.
