Imagina que tienes 72 años. Has trabajado toda tu vida, contribuido al crecimiento de este país y hoy, finalmente, acudes al banco para cobrar tu pensión. Te acercas a la ventanilla, colocas tu dedo sobre el lector biométrico y esperas. Luz roja. Lo intentas de nuevo, presionando con más fuerza y otra vez luz roja.
El cajero, un joven de 22 años, te mira sin saber qué decir. Detrás de ti, la fila y los murmullos crecen. Sales del banco con las manos vacías y una sensación de impotencia.
Esta no es una escena de ficción; es la realidad que enfrentan millones de mexicanos cada semana. En México, 3 de cada 10 adultos mayores son rechazados por el sistema bancario. Y lo más indignante es que no es por falta de pericia o desconocimiento tecnológico, sino por una condición biológica que la banca decidió no considerar: nuestra piel cambia con la edad.
La ciencia es contundente: aunque nuestras huellas dactilares se forman antes de nacer y son permanentes, su calidad no lo es. Con el envejecimiento, la piel pierde colágeno y elasticidad. Las crestas papilares —esas líneas que nos dan identidad— se aplanan y se vuelven menos definidas. Un estudio comparó huellas en distintas etapas de vida y encontró que el 30% de los adultos mayores no puede ser identificado correctamente por los sistemas actuales. Uno de cada tres.
En México residen más de 17 millones de personas de 60 años o más. No estamos ante un "problema técnico menor", sino ante una barrera que vulnera el Artículo Primero de nuestra Constitución, el cual garantiza la igualdad y prohíbe cualquier forma de discriminación. Cuando la tecnología se convierte en un muro en lugar de un puente, el Estado tiene una deuda pendiente.
Como Senadora, mi compromiso es llevar estas historias a la tribuna. No podemos permitir que el progreso deje atrás a quienes construyeron nuestro presente. Cada testimonio es una herramienta para reformar las leyes que obliguen a la banca a implementar alternativas inclusivas.
La tecnología de hoy está diseñando el sistema que te recibirá cuando tengas 70. Exijamos que lo hagan bien. Hagámoslo hoy, por ellos y por tu propio futuro.
