Decadencia elegida

Nos hemos convertido en una sociedad poco educada culturalmente, nos conformamos con lo necesario para resolver lo cotidiano y hacemos a un lado los proyectos de largo plazo.

Escrito en OPINIÓN el

No cabe duda, cada quien tiene lo que merece, una frase tan común pero tan vigente que nos ayuda a entender por qué tenemos tantos problemas como sociedad. El menú regiomontano de las desgracias aumenta, se suman variables que hacen del Estado una zona de conflictos irresolutos que, como consecuencia, restan atractivo para vivir e invertir en lo que antes era la cuna industrial de México, símbolo de prosperidad nacional y ejemplo de sociedad pujante.

En lo político nos distinguíamos como una sociedad participativa, cuna de una oposición valiente que exigía reciprocidad a cambio de lo que aportaba; en lo económico fuimos pioneros del desarrollo industrial concentrando las fábricas y empresas más importantes del país en manos de capital regiomontano. Nos distinguíamos como una sociedad trabajadora que entendía que la generación de la riqueza se lograba reinvirtiendo las utilidades y no gastándolas, una sociedad sencilla y discreta, donde el reconocimiento venía del trabajo y no de la apariencia.

Poco a poco nos hemos ido convirtiendo en lo que tanto reprochábamos de otras sociedades. La franqueza que nos distinguía para expresarnos se convirtió en falsedad; dejamos de ser claros y directos para ser complacientes, buscando con ello la aceptación social o una oportunidad económica, acomodándonos donde convenga.

Abandonamos el estilo sencillo de vida, confundiendo glamour y vulgaridad como sinónimos que dan reconocimiento social, colocándonos en una posición privilegiada frente a otros en una competencia donde lo que vale es lo que tienes y no lo que eres, donde el éxito se mide en apariencia y no en sustancia. La cultura del esfuerzo quedó en el olvido, siendo reemplazada por la cultura de la inmediatez, esa que tantos resultados ha dado con las redes sociales que nos premian o castigan según convenga, que viven de la vida de los otros y se alimentan de odio, morbo y envidia a cambio de likes.

Una sociedad en decadencia, caracterizada por el estancamiento económico, la parálisis política, el agotamiento cultural y un deterioro moral o ético que nos pone a la deriva en manos de quien entiende que la percepción es más importante que la realidad.

Nos hemos convertido en una sociedad poco educada culturalmente, nos conformamos con lo necesario para resolver lo cotidiano y hacemos a un lado los proyectos de largo plazo; preferimos lo inmediato, olvidando la esencia.

La historia de “La Tía Paty”, que bien merece el repudio social, es el ejemplo claro de la decadencia social regiomontana: una trama criminal de la que son cómplices todos los que consumen la vida de los otros, aquellos que, movidos por el morbo y la envidia, se convirtieron en materia prima para extorsionar, destruyendo reputaciones.

Una sociedad que normaliza el morbo, la apariencia y la inmediatez no los sufre por accidente: los produce, los alimenta y, tarde o temprano, los padece. Y entonces sí, cada quien termina teniendo exactamente lo que merece.