El universo flotante de gases y partículas en el que estamos inmersos hoy en día en la Zona Metropolitana de Monterrey está definiendo nuestro presente y nuestro futuro. El aire que inhalamos nos da vida o nos da riesgo.
No hay órgano que se salve de este infortunio atmosférico que inflama y oxida.
Por fortuna, un respetable equipo de científicos de la UNAM y especialistas locales construyen el inventario y la modelación de emisiones atmosféricas contaminantes que impactan nuestra la salud. El Índice Mexicano de Calidad del Aire y Riesgos a la Salud (ICARS) se actualizó en enero de este año, y también los límites máximos permisibles establecidos en la norma de salud mexicana sobre material particulado. Los estándares mexicanos se hacen menos permisivos para cuidar a la población, y la regulación sobre las emisiones de la industria y de la calidad de los combustibles que recibimos ya está en proceso de cambio.
Además, el Programa de Respuesta a Contingencias Atmosféricas de la Zona Metropolitana de Monterrey se encuentra en revisión jurídica para publicarse oficialmente con umbrales más protectores después de más de 18 meses desde la primera audiencia pública que solicitamos las organizaciones de la sociedad civil a la Secretaría de Medio Ambiente estatal. Al mismo tiempo, se adaptan los nuevos equipos de medición de PM2.5 en las 15 estaciones de monitoreo atmosférico del SIMA que existen en Nuevo León, algo inédito.
También la Secretaría de Salud Federal pilotea el Sistema de Vigilancia en Salud Ambiental, donde se incluye la contaminación atmosférica como uno de los determinantes ambientales más importantes para la prevención en salud. Con ello, la información de las estaciones de monitoreo atmosférico y de ciertos hospitales y centros de salud de nuestra metrópoli que registran consultas, ingresos hospitalarios y decesos relacionados con la contaminación del aire, se utilizará para desarrollar intervenciones locales para prevenir estos impactos.
A pesar de los avances tan relevantes, aún encontramos retos y resistencias. Ante un contexto de mucha desinformación, y donde Nuevo León es el estado mexicano con mayor número de búsquedas sobre alertas ambientales en los últimos meses (Google Trends,2026), nuestro valioso Sistema de Monitoreo apenas ha incorporado el ICARS vigente. El nuevo límite de este Índice establecido en la NOM-172-SEMARNAT-2023 entró en vigor el 1 de enero del 2026. Tres meses durante los cuales una persona sana o susceptible pudo confiarse y salir a ejercitarse en un falso amarillo, cuando en realidad pudo evitar su exposición a una mala calidad del aire de haber contado con la información correcta.
Y es que el nuevo límite del rango de calidad del aire Aceptable a Mala ahora es más estricto, es decir, lo que anteriormente fue un amarillo aceptable, hoy ya es un naranja incómodo.
Además, la evaluación oficial del SIMA, que informa el número de días que sobrepasan el límite diario permisible de partículas (DSN) durante enero y febrero del 2026 en la ZMM, sigue utilizando como referencia los límites antiguos más laxos (valor del año 3) de la norma de salud mexicana (NOM-025-SSA1-2021) para evaluar la calidad del aire.
En el OCCAMM realizamos un análisis público sobre el número de DSN actuales de PM2.5 en la ZMM durante enero, febrero y marzo, resultando en 19, 17 y 7 respectivamente. Es decir 43 de los primeros 90 días transcurridos del 2026 hemos superado el límite diario saludable de 25 microgramos por metro cúbico establecido en la norma de salud (año 5), por lo menos en una estación de monitoreo.
La capacidad de la autoridad para informar puede marcar la diferencia en la prevención de enfermedades y mortalidad relacionadas con la contaminación del aire. Si esto no sucede, se desaprovecha también una oportunidad excepcional de abrazar las externalidades positivas que los nuevos estándares de calidad del aire nos dan, por ejemplo, para reducir los costos en salud, acelerar la profesionalización de una Comisión Ambiental Metropolitana basada en ciencia y cooperación, y la actualización de las regulaciones pendientes que hoy nublan nuestra esperanza de vida.
Al vaivén entre verdes y morados, practiquemos la comprensión profunda y la apropiación de las herramientas disponibles que hoy nos empoderan para decidir mejor y accionar en colectividad.
Biól. Selene M. Guajardo
Directora Ejecutiva del Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire del Área Metropolitana de Monterrey
@observatoriomty
