Hoy, una parte significativa de la población rural en México sigue dependiendo de la leña y el carbón para vivir y producir. Puede sonar lejano, pero no lo es: ahí empieza el costo de los alimentos, el impacto ambiental y buena parte del futuro energético del país.
Por eso, aprobamos llevar al Pleno del Senado una adición a la Ley de Desarrollo Rural Sustentable para impulsar energías limpias en el campo.
¿De qué estamos hablando? De algo simple pero poderoso: usar energía solar, eólica, hidráulica, geotérmica y biomasa para producir mejor, contaminar menos y hacer más fuerte a México frente a crisis globales, como las tensiones en el estrecho de Ormuz que pueden disparar los precios de la energía.
Esto no es solo una agenda ambiental. Es economía real. Las energías renovables reducen costos de producción, hacen más competitivos a nuestros productores y ayudan a que los alimentos no dependan de energías caras e inestables.
También es salud y calidad de vida. Sustituir leña por tecnologías como estufas eficientes, cocinas solares o sistemas de biogás significa menos enfermedades, menos deforestación y más oportunidades.
El punto es muy claro: no podemos hablar de un campo del siglo XXI con energía del siglo pasado. La dependencia de combustibles fósiles nos hace vulnerables; diversificar con energías limpias nos hace resilientes.
La transición energética en el campo no es una opción, es una necesidad. Y hacerlo hoy es clave para asegurar soberanía energética, alimentaria y un futuro más sostenible.
Modernizar el campo también es descarbonizarlo. Y ese futuro ya empezó.
Senadora Judith Díaz
