La ciudad por el arco del triunfo

Escrito en OPINIÓN el

Destruir para avanzar no es progreso, es renunciar a la ciudad.

Lo ocurrido en el Arco de la Independencia no es un hecho aislado ni una simple obra vial, es el efecto de una visión que, durante décadas, le dio la espalda a Monterrey y a toda su zona metropolitana: la idea de que todo se resuelve con más carriles, aunque eso implique sacrificar patrimonio, seguridad y calidad de vida.

Una ciudad de primer nivel no se mide por el tamaño de sus avenidas ni por la altura de sus edificios, se mide por la manera de vivir sus calles: jóvenes caminando con seguridad, familias disfrutando sus parques y neoleoneses apropiándose del espacio público.

Sin embargo, durante años se tomaron decisiones pensando más en el carro que en las personas que recorren la ciudad. Se expandieron avenidas, pero se olvidaron las banquetas; se privilegió el flujo vehicular, pero se relegó el transporte público.

Las consecuencias están a la vista de todos: en 35 años, el parque vehicular creció a más de 2.5 millones de automóviles. Hoy no sorprende que alguien use el carro hasta para ir a la tienda de la esquina. Ese modelo no sólo es insostenible, también es el origen de muchos de los problemas que vivimos todos los días.

Por eso, intervenir el entorno del Arco de la Independencia no fue un capricho estético, sino una decisión técnica y de seguridad. Se diseñó un cruce que priorizaba al peatón, redujo accidentes en una de las zonas más conflictivas y protegía uno de los pocos símbolos históricos que le quedan a la ciudad. Destruirlo para reabrir carriles es, en los hechos, volver a un modelo que ya fracasó.

Además, hay algo que no se puede perder de vista: la ciudad ya no debe pensarse por municipios aislados, sino como una sola metrópoli. Somos la segunda zona metropolitana más poblada del país, donde lo que ocurre en el centro nos impacta a todos. Decisiones como esta afectan mucho más que una intersección, afectan la movilidad, la seguridad y la identidad de millones de personas.

Desde el arranque de nuestra administración, la lucha por darle a Nuevo León la movilidad que siempre debimos tener ha sido un camino cuesta arriba. Y desgraciadamente, no es de sorprenderse que hoy los partidos que se oponen a las nuevas líneas de metro, a los nuevos camiones y a los nuevos corredores verdes sean los mismos que le arrebaten la seguridad a los peatones cuando su justificación se limita a “Yo nunca he visto que alguien use este cruce” o “¿Quién va a pasar a pie por aquí con este calor?” .

Mientras las ciudades de primer mundo avanzan hacia metrópolis más humanas, hacia el modelo de los 15 minutos, Monterrey retrocede en movilidad, en seguridad y en espacios públicos