En la historia de las naciones y las regiones que prosperan, el éxito no es producto de la casualidad, sino de la causalidad de sus valores. Hace décadas, el ingeniero peruano Octavio Mavila Medina nos legó el Decálogo del Desarrollo, una hoja de ruta que sostiene que el verdadero motor del progreso no reside en la riqueza del subsuelo, sino en la riqueza del espíritu y la conducta de las personas en una sociedad.
Hoy, en Nuevo León, este decálogo cobra una vigencia renovada. En un contexto de crecimiento sin precedentes, impulsado por el nearshoring y la consolidación de proyectos estratégicos, no podemos permitir que la infraestructura avance más rápido que nuestra base ética. El “ser regio”, el “ser neolonés” siempre se ha definido por la cultura del trabajo y del esfuerzo, pero es momento de institucionalizar esos valores en cada rincón de nuestra administración y sociedad.
El Orden, la Limpieza y la Puntualidad no son simples normas de cortesía; son la base de la eficiencia que demanda un estado que compite globalmente. Cuando hablamos de un Buen Gobierno, estamos hablando de un gobierno que aplica la Responsabilidad y la Honradez como pilares innegociables. No hay inversión que valga si no existe la Certeza Jurídica que emana del Respeto a la Ley y a los Reglamentos. Mavila decía que el subdesarrollo es un estado mental. En Nuevo León, hemos elegido el estado mental del Deseo de Superación y el Amor al Trabajo.
Nuestra misión desde el Gabinete de Buen Gobierno es asegurar que este ecosistema de prosperidad sea sostenible, fomentando el Afán por el Ahorro y la Inversión, no solo de capital, sino de talento. En una sociedad como la de Nuevo León, compartir el éxito es fundamental para transformar la prosperidad económica individual en un motor de bienestar colectivo y cohesión social.
El estado es un pilar industrial que aporta casi el 10% del PIB nacional con apenas un poco más del 4% de la población total de México. El éxito compartido permite que el crecimiento no se limite a cifras macroeconómicas, sino que se traduzca en empleos de calidad y en una infraestructura que beneficie a toda la comunidad.
Este decálogo no es una reliquia del pasado; es el manual de operación para el futuro. Si queremos que Nuevo León siga siendo el imán del éxito en México, debemos recordar que la grandeza de un estado se mide por la rectitud de sus actos y la disciplina de su gente. Recordemos que la participación del sector empresarial de Nuevo León en la creación de las leyes del IMSS y del Infonavit fue histórica y determinante para los mexicanos.
En memoria de estos valores humanos que nos han distinguido por décadas, sigamos construyendo, con el orden y la ley como cimientos, el legado que las próximas generaciones merecen. Hoy, el mundo tiene los ojos puestos en nosotros. La Copa Mundial 2026 no es solo un evento deportivo de 30 días; es la plataforma donde Nuevo León demostrará que el Decálogo del Desarrollo es nuestra realidad cotidiana.
Al recibir a miles de visitantes en nuestro Estadio Monterrey (Estadio BBVA) y en el renovado Parque Fundidora, no solo mostraremos infraestructura de vanguardia y nuevas líneas de Metro; mostraremos nuestra hospitalidad, nuestra puntualidad y nuestro inquebrantable respeto a la ley. Esta justa mundialista es el examen final de nuestra madurez como sociedad.
Las obras que hoy transforman nuestra movilidad son el legado tangible, pero nuestra conducta ética será el legado intangible que se llevará cada turista a su país. Hagamos que cada partido y cada interacción sea un testimonio de que en Nuevo León el desarrollo no es un sueño, sino un hábito. Ponte, Nuevo León, ponte Mundial; porque cuando jugamos bajo las reglas del orden y la excelencia, el estado siempre gana.
