¿Quién cuida a quienes nos cuidan?

Escrito en OPINIÓN el

Cada 10 de mayo repetimos el mismo ritual: flores, desayunos, mensajes emotivos. Celebramos a las mamás (y lo tienen bien merecido), pero rara vez nos detenemos a mirar lo que realmente sostiene esa celebración. No es un día, es una vida entera de trabajo constante, invisible y, casi siempre, no reconocido.

México funciona gracias a millones de personas que cuidan. Y en su mayoría, son mujeres. Son mamás que organizan, contienen, acompañan, sanan, educan, resuelven y sostienen. No solo cuidan a sus hijas e hijos: cuidan personas enfermas, adultos mayores y personas con discapacidad dentro de sus propias familias.

Pero el país sigue tratando esas labores como si fueran una responsabilidad individual, casi “natural”, y no como lo que realmente son: una infraestructura social sin la cual todo colapsaría.

Y por eso hago esta pregunta que, a muchos incómoda, pero es necesaria: ¿quién cuida a quienes sostienen todos los días la vida de los demás?

Porque mientras las mamás cuidan, muchas veces lo hacen sin descanso, sin seguridad social, sin ingresos propios, sin tiempo para sí mismas. Lo hacen con dobles o triples jornadas. Lo hacen incluso cuando están cansadas, enfermas o solas. Lo hacen en silencio.

Y justo por eso hoy también se está empujando a que el país avance hacia un verdadero sistema de cuidados: uno que reconozca este trabajo, que lo acompañe y que evite dejar solas a las mujeres. Un sistema que permita compartir responsabilidades y construir condiciones más justas para quienes sostienen la vida todos los días.

Hablar de las mamás en este 10 de mayo no debería quedarse en el reconocimiento simbólico. Debería obligarnos a repensar cómo distribuirnos el cuidado en la sociedad. Porque cuidar no es solo un acto de amor. Es trabajo. Y como tal, debe ser reconocido, redistribuido, respaldado y remunerado.

Eso implica seguir impulsando políticas públicas concretas: sistemas de cuidados que funcionen, licencias dignas, trabajo desde casa, horarios laborales compatibles con la vida, servicios accesibles para niñas y niños, personas mayores y personas con discapacidad que ayuden a disminuir la carga de trabajo. Lo anterior, implica también algo más profundo: cambiar la idea de que cuidar es solo “cosa de mujeres”.

Pero también implica mirar a las mamás en toda su dimensión. No sólo como cuidadoras, sino como mujeres completas: con proyectos personales, con sueños, con derecho al descanso, al tiempo propio, al desarrollo profesional y personal. Porque reducirlas únicamente al rol del cuidado, también es una forma de invisibilizarlas.

Por eso, vale la pena preguntarnos si realmente estamos acompañando a quienes lo han hecho siempre y no sólo los 10 de mayo, sino todos los días. Para reconocer que detrás de cada familia, de cada comunidad y de cada espacio productivo, hay trabajo del cuidado que sostiene todo lo demás.

Reconocerlo es el primer paso. Y respaldarlo desde lo público es nuestra tarea de cada día.