EUPHORIA: Cuando el Drama Teen se convierte en Film Noir

Alexa Demie como 'Maddy Pérez' en Euphoria.
Alexa Demie como "Maddy Pérez" en Euphoria.Créditos: HBO.
Escrito en OPINIÓN el

Sam Levinson abrió el telón en 2019 con una serie que impactó la mente de personas no solo en un país, sino en varios continentes. Nos introdujo a un universo distópico: la preparatoria "East Highland High School", con varios satélites alrededor de ella y de sus estudiantes. El mejor engaño que recibimos en ese 2019 —un año antes del fatídico COVID— fue que todo el mundo pensaba que se trataba de un simple drama adolescente (Drama Teen).

Sam Levinson y Marcell Rév (responsable de la cinematografía de todas las temporadas) nos abren los ojos para mostrarnos un Film Noir disfrazado de otra cosa. Contamos con una maravillosa voz en off, que es la voz de Rue Bennett, interpretada magistralmente por Zendaya. Es justo desde el inicio, con su nacimiento, que nos lleva por ese mundo de sospechosos comunes: Rue, Maddy, Nate, Cassie, Jules, Fez y Ashtray, así como por sus interacciones familiares. Es en este punto, queridos lectores, donde nos empezamos a dar cuenta de que los personajes son antihéroes y femmes fatales en toda la extensión de la palabra; claro, con la diferencia e inocencia de la preparatoria.

Más allá de la presentación de los personajes, sus manías, fobias y fetiches, nos embarcamos en una sexualización total de los mismos. Esto no es para menos, ya que es parte del encanto del NOIR, y esta serie no es la excepción, puesto que desde el inicio es un deleite visual (eye candy) para todos los géneros y gustos, manteniendo una fotografía en Low Key la mayoría del tiempo, resaltando a los personajes del resto de la escenografía, pero siempre con luces practicals, para darle ese realismo formal del NOIR.

Mientras que la primera temporada nos da tintes de inocencia acompañados de un soundtrack magistral (que se mantiene en todas las entregas), pasamos en la segunda temporada a un viaje oscuro. Con un Levinson más enfocado en la forma de sus propios contenidos y formatos, la segunda y tercera temporada se filmaron en 35mm. Pero eso es secundario. Lo verdaderamente impresionante es la narrativa y la evolución de los personajes en la segunda temporada. La única constante es la voz en off digna del estilo fílmico; aquí, los protagonistas dejan de serlo y los secundarios se vuelven principales. Sin embargo, lo más impactante son los giros de timón que da cada episodio, los cuales nos van llevando en una espiral hacia la emancipación máxima de ciertos personajes.

La segunda temporada termina, termina el sueño adolescente y termina la inocencia, la cual se convierte en una realidad caótica con un dejo de esperanza: Rue saliendo de la preparatoria (etapa finalizada) hacia un nuevo día, hacia un mañana prometedor, después de habernos embarcado en un collage de emociones y asesinatos, traiciones, narcotráfico, prostitución e irrupciones policiacas.

¿Qué estaba planeando Sam Levinson para nosotros?

Pues bien, lo que estaba planeando era la tercera temporada, y ¡qué manera de empezarla! Veríamos a Rue cruzando el desierto mexicano, escalando el muro fronterizo para adentrarse en el desierto estadounidense, demostrándonos que, además de ser una mujer resiliente, es una "mula" (para el tráfico de sustancias). Se convertiría en la mula de personajes que dejó atrás en temporadas anteriores. Pero no solo eso; veríamos a Maddy trabajando como mánager y a Cassie convertida en una potencial celebridad de internet, del cine y de páginas azules. Por su parte, Lexi sería una gran escritora, mientras que Jules, ahora estudiante de arte, pretendería conseguir un Sugar Daddy. Finalmente, Nate se transformaría en un empresario ahogado en deudas impagables para intentar darle a Cassie el estilo de vida que ella merece. Nadie logró salir de ese infierno; solamente el Diablo jugó con sus emociones para hacerlos vivir de una idea o una ilusión. Y es justo ahí cuando el Diablo toma forma humana: Alamo, el personaje que llega para romper con toda la fórmula de las entregas anteriores.

El Silver Slipper (un strip club) es ahora la preparatoria; se convierte en el centro de atención y en el escenario principal de la mayoría de las situaciones y de los personajes. Los convencionalismos de género se rompen brutalmente en EUPHORIA. No estoy insinuando que sea la mejor serie de HBO, ni mucho menos, pero es una producción que supo evolucionar a la par del cambio de edad de sus personajes, adaptándose a los asuntos presupuestales y a las demandas de las generaciones de la cancelación.

EUPHORIA dista mucho de terminar con esta infame tercera temporada, donde seguiremos presenciando un baile dantesco de cada personaje hasta llegar a un punto donde ya no existe la redención, más allá de aquella que otorga la aceptación de nuestra propia naturaleza humana. Cada personaje es la suma de sus días, de sus decisiones y de sus pasados. Algo interesante que muestra Levinson es cómo, independientemente del pasado —por más roto o destruido que este se encuentre—, siempre existe una opción para dejar las cosas atrás. Esa evolución es dolorosa, porque implica abandonar una droga o una zona de confort, tal y como lo es la vida misma.

Más allá de cualquier postura radical, puesto que no caigo en ningún “ismo” recomiendo ampliamente dicha serie desde la primera temporada, pasando por la segunda que es como una cruza entre el infierno y el purgatorio, hasta llegar a esta tercera que más que infierno parece realidad, donde la única pizca de cordura parece ser el amor o la falta del mismo.