Hay momentos en la vida que cambian para siempre nuestra manera de ver el mundo. Para mí, uno de esos momentos llegó con el diagnóstico de espina bífida de mi hija Mariana.
Siempre he dicho que la enfermedad llega como un ladrón por la noche a robarnos nuestra paz y llenar la casa de incertidumbre.
Con un diagnóstico complicado, como cualquier padre, sentí miedo y una profunda preocupación por su futuro. Pero también descubrí algo que transformó mi vida pública y personal: entendí que detrás de cada enfermedad hay familias enteras luchando todos los días, enfrentándose no solo al dolor, sino también al abandono, a la burocracia y muchas veces a la indiferencia.
Fue precisamente esa experiencia la que me acercó a la Asociación de Espina Bífida de Nuevo León. Ahí conocí a mujeres y hombres que dedican su vida a acompañar a quienes más lo necesitan. Personas que, lejos de buscar reflectores, trabajan todos los días para dar esperanza, atención médica y apoyo emocional a niñas, niños y familias que enfrentan esta condición. Ellos, como muchos neoloneses que salen todos los días ha salir adelante y a sacar adelante a otros, son los verdaderos héroes de nuestra sociedad.
Por eso durante años he entregado distintos donativos económicos a esta institución, siendo la última, la semana pasada.
Estoy convencido de que el dinero público, y cualquier recurso que llegue a nuestras manos desde la política, debe regresar a la gente convertido en bienestar y oportunidades.
La política solo tiene sentido cuando logra transformar vidas. No sirve para alimentar egos ni para construir privilegios; sirve para tender la mano, para abrir puertas y para acompañar a quienes más lo necesitan. Mi experiencia como padre me enseñó que una decisión pública puede marcar la diferencia entre la esperanza y el abandono.
También confirmé algo que duele profundamente: muchas asociaciones civiles sobreviven prácticamente solas, luchando contra trámites interminables y obstáculos burocráticos que les impiden crecer y ayudar más. No puede ser que instituciones con décadas de servicio sigan esperando permisos para ampliar su capacidad de atención.
Desde el Senado seguiré trabajando para que las causas de salud, discapacidad e inclusión dejen de verse como asuntos secundarios. Es cuando una persona o familia enfrenta una enfermedad, cuando más importante se hace la presencia del Estado. No es a través de discursos o promesas, sino de voluntad política, instituciones públicas humanas y servidores públicos que entiendan el dolor desde la empatía.
Hoy más que nunca estoy convencido de que servir significa acompañar. Eso es lo que hoy necesita y adolece tanto Nuevo León.
