“I don't want to be a product of my environment. I want my environment to be a product of me.” – Frank Costello.
Con este manifiesto de poder y un collage de peleas callejeras arranca una de las películas más disruptivas y aclamadas del cine contemporáneo. ¡Y de qué manera! Al ritmo de "Gimme Shelter", de sus Satánicas Majestades, se nos presenta a Frank Costello, el personaje más oscuro, cínico y magistral de la cinta, interpretado por un colosal Jack Nicholson. Es una silueta a contraluz que, en solo cuatro minutos, nos da una auténtica cátedra de vida y supervivencia.
Pero el film va mucho más allá de la superficie; es una constelación de actuaciones que supera a cualquier dream team de la época. Jack Nicholson, Martin Sheen, Leonardo DiCaprio, Mark Wahlberg, Matt Damon, Vera Farmiga, Ray Winstone y Alec Baldwin, entre otros grandes, cruzan sus destinos en pantalla. Lo verdaderamente fascinante no es solo este reparto estelar, sino la narrativa misma (una genialidad pura de Scorsese) y una banda sonora única donde los Rolling Stones y Pink Floyd se apoderan de la escena, convirtiendo a la música en un protagonista más de la trama.
Un sello indiscutible en el cine de Scorsese es que la locación deja de ser un simple fondo para convertirse en un personaje vivo y dominante. En esta ocasión, Boston despliega sus alas de asfalto para envolvernos en un submundo de lealtades inquebrantables y traiciones letales entre policías y mafiosos. No todo es tan simple como parece; si algo nos demuestra la extensa filmografía del director desde los años 70, es que es un artesano que no solo cuenta historias, sino que las esculpe en la memoria colectiva.
El cine de Scorsese es una ópera visual —género del cual es un devoto confeso— y no es para menos. Desde la primera toma, nos sumerge en atmósferas con un aroma y escenarios oníricos únicos. De la mano de directores de fotografía brillantes, juega con el claroscuro (low key) y crea una belleza que evoca a la pintura impresionista. Lo maravilloso de este film noir moderno es que nos conecta con la empatía hacia los antagonistas; aquí todos son antihéroes en busca de redención o sentido. Corona esta obra una femme fatale espectacular interpretada por Vera Farmiga, quien se debate entre la deontología profesional y sus pasiones personales, sucumbiendo a una necesidad íntima de autodescubrimiento. Todo esto musicalizado por "Comfortably Numb" bajo una noche lluviosa, volviendo la escena un instante eterno, íntimo y profundamente sublime.
Muchos —incluyéndome— coincidimos en que quizás no sea la obra cumbre del que probablemente es el mejor director vivo. Sin embargo, hay que rendirse ante la evidencia: en su momento fue laureada como ninguna otra y logró que la Academia, por fin, le rindiera pleitesía a quien honor merece y seguirá mereciendo por siempre.
Esta película es la puerta de entrada perfecta para las nuevas generaciones que se asoman al maravilloso dogma del cine de culto. Es una invitación abierta a sentarse, abrir bien los ojos y dejarse atrapar desde el primer segundo del metraje.
El film es la excusa ideal para hablar de un capitán de mil batallas: ¡Martin Scorsese! Un comandante de mar y tierra, creador de estilos y eterno estudiante de los orígenes del celuloide. Su viaje, que va desde los pasillos de un seminario hasta convertirse en un director octogenario que sigue en la línea de fuego, no es para cualquiera. Si Scorsese fuera una estrella de rock, sin duda sería un Rolling Stone. Hay que entender que solo esos viejos marineros, curtidos con brea y sal, tienen la fuerza para navegar por cualquier género cinematográfico y salir ilesos, regalándonos obras maestras.
Desde su debut con "Who’s That Knocking at My Door" (1967), pasando por los callejones oscuros de "Taxi Driver", la furia salvaje de "Raging Bull", el romance contenido de "The Age of Innocence", hasta la esperada "What Happens at Night". Es por este legado que hoy, al cumplir 20 años del estreno de The Departed, honramos a un hombre que camina de la mano con Cronos. Son tan amigos que el tiempo se detiene para dejarnos una lección eterna sobre el verdadero poder del cine.
