El perfil que Nuevo León está esperando

Escrito en OPINIÓN el

Arturo Ramírez González Mtro. en Política Pública y Administración Pública y Licenciado en Derecho

Coordinador General de RegioPoder

Nuevo León tiene un problema que pocas veces se nombra con claridad: no es únicamente que tengamos malos gobiernos. Es que hemos normalizado un perfil de servidor público que nunca debió ser el estándar. 

Durante décadas, la figura del funcionario público en México se construyó sobre tres pilares que poco tienen que ver con servir: la lealtad al jefe, la capacidad de sobrevivir en la estructura y el talento para comunicar sin rendir cuentas. El resultado es lo que vemos hoy: instituciones que operan hacia adentro, no hacia la ciudadanía. 

Y Nuevo León no es la excepción.

Tenemos una de las economías más dinámicas del país. Tenemos capital humano, infraestructura empresarial y una ciudadanía que históricamente ha exigido más que el promedio nacional. Y sin embargo, seguimos tolerando un modelo de gestión pública que responde más a ciclos electorales que a necesidades reales.

La pregunta que vale la pena hacerse no es quién va a gobernar. Es qué perfil necesita quien gobierne. 

Nuevo León necesita servidores públicos que entiendan la diferencia entre administrar y transformar. Que sepan leer datos, no solo discursos. Que rindan cuentas sin que nadie se los exija. Que construyan política pública desde el diagnóstico, no desde la ocurrencia. Que entiendan que la movilidad, el agua, la vivienda y la seguridad no son temas de campaña: son derechos que se gestionan todos los días.

Pero hay algo más que pocas veces se menciona: Nuevo León necesita servidores públicos que hayan vivido la ciudad desde adentro. Que conozcan el tráfico no desde un informe técnico, sino porque lo padecieron. Que entiendan la crisis del agua no como estadística, sino como experiencia cotidiana. Que hayan construido algo —una empresa, una organización, una asociación civil, una comunidad— antes de pretender administrar lo público. 

Esa cercanía con la realidad no es un detalle menor. Es la diferencia entre gestionar para la gente y construir soluciones con ella. Es la diferencia entre quienes entienden el servicio público como una responsabilidad y quienes lo ven únicamente como una oportunidad política. Porque gobernar bien empieza por escuchar, comprender y mantenerse cerca de la realidad que viven las personas.

Desde RegioPoder llevamos tiempo insistiendo en algo que parece obvio pero que el sistema se encarga de complicar: la participación ciudadana no puede comenzar el día de la elección y terminar la noche del conteo. Tiene que ser permanente, informada y organizada. Y para que eso sea posible, necesitamos instituciones que la faciliten, no que la obstaculicen. 

El perfil que Nuevo León está esperando no es el del político que sabe ganar elecciones. Es el del servidor que sabe gobernar después de ganarlas. Alguien con criterio técnico y sensibilidad ciudadana. Con capacidad de escuchar y voluntad de decidir. Con raíces locales y visión de largo plazo. 

No es un perfil utópico. Es un perfil que ya existe en muchos ciudadanos de este estado que todavía no han dado el paso hacia lo público.

Quizá uno de los grandes pendientes de Nuevo León no sea encontrar a ese perfil entre los políticos de siempre. Sino construir las condiciones para que quienes todavía no están en política decidan involucrarse.

Porque las ciudades no mejoran solas. Mejoran cuando las personas correctas deciden que ya es momento.

"El problema no siempre es la falta de buenos gobiernos. A veces es la falta de buenos ciudadanos dispuestos a gobernar."