Por un Nuevo León con orden, justicia y trabajo

Escrito en OPINIÓN el

El miércoles 17 de junio, tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: pedir licencia como Senador de la República, para participar en el proceso interno de Morena para definir la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación en Nuevo León.

Ser Senador de la República ha sido uno de los mayores honores que he recibido. Me voy satisfecho por el trabajo realizado. Presenté decenas de iniciativas que nacieron del diálogo con la ciudadanía; acompañé las reformas constitucionales impulsadas por nuestra Presidenta, que hoy mejoran la vida de millones de mexicanas y mexicanos; y tuve el privilegio de encabezar la Comisión de Seguimiento del T-MEC en un momento en que fortalecer la relación con nuestros principales socios comerciales era una tarea estratégica para el futuro del país.

Pero nunca permití que el trabajo legislativo me alejara de la gente. Cumplí la palabra que hice al asumir el cargo: ser un senador de territorio. Recorrí cientos de kilómetros, visité municipios grandes y pequeños, hablé con trabajadores, empresarios, estudiantes, maestras, productores, madres de familia y adultos mayores. Escuché sus preocupaciones, conocí sus necesidades y llevé su voz al Senado de la República.

Hoy es momento de cerrar esa etapa, que siempre recordaré con orgullo, para encabezar la transformación de mi estado.

Nuestro estado atraviesa uno de los periodos más complejos de su historia reciente. Durante más de una década, los conflictos políticos han desplazado las soluciones. La confrontación permanente entre quienes gobiernan ha paralizado decisiones fundamentales y ha impedido construir acuerdos en beneficio de la ciudadanía. Mientras unos privilegian el espectáculo y otros defienden intereses partidistas, miles de familias enfrentan problemas cotidianos que siguen sin resolverse: la inseguridad, la movilidad, la contaminación, la falta de agua, el acceso a la vivienda y el incremento en el costo de vida.

Sus ciudadanos no tienen el gobierno que  merecen. No tienen un gobierno que trabaje como ellos, que entienda lo que padecen, que escuche lo que necesitan. Eso sólo puede hacerlo un gobierno que emane de la Cuarta Transformación y que ponga, de una vez por todas, al ciudadano al centro.

Las y los nuevoleoneses también merecen un gobierno que sea capaz de recuperar la capacidad de diálogo, atender los problemas de fondo y devolver certidumbre a la vida pública del estado. Durante toda mi carrera política eso es lo que me ha distinguido de otras y otros: escucho, dialogo y resuelvo.

Por eso tomé la decisión de buscar la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación en Nuevo León.

La transformación llegará a Nuevo León y trabajaré incansablemente para que sea yo quien la encabece.