Hace unos días vi las pruebas que se realizaron en los trenes de las líneas 4 y 6 del metro, verlos moverse por las estaciones y presenciar de primera mano el avance de una obra de esta magnitud me llevó a reflexionar sobre algo que va mucho más allá de la infraestructura.
Esta es una obra que, por mucho tiempo, no podíamos ni imaginarnos que sucedería aquí en nuestro estado y mucho menos a la velocidad en la que está ocurriendo. Verla ahora tan real, tan cercana, hace que me enorgullezca de formar parte de un gobierno que hace que estas cosas sí pasen.
Muchas personas decían que esta obra no se iba a concluir, y creo que eso también habla de cómo las administraciones pasadas dejaron tan abandonado el tema de la infraestructura que para las y los neoloneses parecía difícil creer que un gobierno sí pudiera construir dos líneas del metro al mismo tiempo.
Este monorriel va a cambiar la vida de miles de personas que se mueven por la ciudad todos los días, y no debería ser algo tan difícil de creer. Tenemos que volver a generar confianza en la gente para que vuelvan a creer que hay gobiernos comprometidos, que construyen y que de verdad trabajan por hacer de nuestro estado un mejor lugar para vivir.
Durante mucho tiempo los malos gobiernos nos acostumbraron a pensar en pequeño, pensábamos que obras como estas eran demasiado grandes, costosas o imposibles para Nuevo León, por eso estas nuevas líneas representan algo más que un medio de transporte, son una nueva manera de pensar el futuro de nuestro estado.
Cuando un gobierno se atreve a planear proyectos a largo plazo, y a construir infraestructura pensada de forma sostenible pensando en las futuras generaciones también le está diciendo a la gente que Nuevo León puede aspirar a más. Eso es lo que me dejó ver estos avances, la certeza de que Nuevo León volvió a pensar en grande.
