Estamos apocos días de que incie el Mundial de Futbol 2026 que se llevará a cabo en México, Estados Unidos y Canadá. Para nuestro país, será la tercera vez. Para Nuevo León, será la primera vez que sea uno de los protagonistas de una de las celebraciones deportivas más importantes del planeta.
La emoción ya se siente en nuestras calles. Se percibe en las conversaciones de las familias, en los patios de las escuelas, en los centros de trabajo y en cada rincón donde alguien habla del próximo partido, de la selección que apoyará o de la oportunidad histórica que representa recibir a miles de visitantes de todos los continentes.
El futbol tiene algo extraordinario: durante algunas semanas es capaz de unir a personas que piensan distinto, que viven realidades diferentes y que enfrentan problemas cotidianos muy diversos.
Pocas cosas son tan poderosas como ver a una nación entera depositar su esperanza en un equipo, cantar un mismo himno y compartir una misma ilusión.
En Nuevo León, nos hemos ganado el derecho de celebrar. Han sido años complejos para nuestro estado. Hemos enfrentado episodios de inseguridad, crisis de agua, incertidumbre política y desafíos económicos que han exigido sacrificios a miles de familias. En medio de todo ello, la llegada del Mundial representa una oportunidad para reencontrarnos con una versión más optimista de nosotros mismos.
También representa una oportunidad para mostrarle al mundo quiénes somos los neoloneses: una sociedad trabajadora, hospitalaria, emprendedora y orgullosa de su tierra. Ser sede mundialista no es únicamente albergar partidos; es abrir nuestras puertas al mundo, compartir nuestra cultura, nuestra gastronomía y nuestra identidad.
Yo estoy entusiasmado por vivir esta experiencia junto a las y los neoloneses. Quiero ver nuestras calles llenas de visitantes, sentir el orgullo de ser anfitriones y compartir la emoción que sólo un Mundial puede generar. Pero también estoy convencido de que la mejor manera de honrar esta fiesta es trabajar para quienes aquí vivimos.
Quienes tenemos responsabilidades públicas debemos ser capaces de hacer ambas cosas al mismo tiempo. Podemos disfrutar la fiesta mundialista, impulsar la derrama económica que traerá consigo y aprovechar la proyección internacional que recibirá nuestro estado. Pero también debemos seguir trabajando todos los días para resolver los problemas que preocupan a las familias: la seguridad, la movilidad, el acceso al agua, la calidad de los servicios públicos y las oportunidades para nuestros jóvenes.
El Mundial será una gran vitrina para Nuevo León. Para quienes tenemos el privilegio de ser testigos de éste mientras ocupamos un cargo público, esta coyuntura es una gran oportunidad para demostrar que somos capaces de aprovechar este momento para construir un mejor estado una vez que se apaguen los reflectores y termine el último encuentro.
