Terminada la fiebre mundialista mexicana y reconociendo, por propios y extraños, el buen desempeño que nuestra selección nacional tuvo en un Mundial en el que, como hace cuarenta años, la esperanza de llegar más lejos volvió a ser la gran protagonista, México volvió a quedarse en octavos de final.
Esa esperanza que durante tantos días estuvo enmarcada por la famosa frase del "¿Y si sí?", que de ser una interrogante, muchos queríamos convertir en una exclamación, dando por sentado que avanzaríamos a la siguiente ronda.
Mucho se ha escrito sobre la emoción colectiva que despertó nuestra selección con cero goles en su portería y nueve en las contrarias. Días de júbilo nacional, olvidándonos de tantos y tan complejos problemas que padece nuestra patria; dejando de lado las diferencias políticas que nos dividen para reconocer las coincidencias que nos acercan. El futbol volvió a ser el protagonista de la unidad nacional.
Afónicos y desvelados, como parte de la resaca futbolera, habremos de esperar cuatro años más con la ilusión de que esta hazaña se repita y logremos llegar a la siguiente ronda. Mientras tanto, habrá que dejar atrás el "¿Y si sí?", que al final no llegó, para hacer un recuento de los asuntos pendientes que hoy deberían llevarnos a preguntarnos: ¿Y si no?
¿Y si no olvidamos que un México unido es más grande y puede llegar más lejos que la retórica de un discurso político que ha tenido como propósito dividirnos?
¿Y si no permitimos que la violencia se normalice como una desgracia fatal a la que todos estamos expuestos?
¿Y si no bajamos los brazos y dejamos de exigir que las instituciones del Estado, que antes eran contrapesos, recuperen el papel que les corresponde?
¿Y si no miramos hacia otro lado frente a los excesos y abusos de autoridad en todos los niveles de gobierno?
¿Y si no guardamos silencio frente a los desaparecidos que el Estado ha convertido en fantasmas que habitan en la memoria y el corazón de quienes todos los días los siguen buscando?
¿Y si no votamos por los corruptos y tránsfugas que cambian de partido y de principios con el único propósito de seguir viviendo del dinero público?
¿Y si no castigamos con el desprecio a quienes ejercen indebidamente el poder público y todavía pretenden recibir reconocimiento y gratitud?
¿ Y si no asumimos que la narcopolítica es una realidad que altera la vida democrática?
¿Y si no aceptamos que el país que nos prometieron nunca llegó?
El "¿Y si sí?" terminó con el silbatazo final. El "¿Y si no?" apenas comienza. Porque los mundiales duran un mes; el país lo jugamos todos los días. La victoria no consistirá en llegar algún día al quinto partido, sino en demostrar que, además de ocupar la tribuna, también somos capaces de bajar a la cancha para jugar en el mismo equipo: México.
