Monterrey. - A Santiago Vidaurri se le consideró un liberal radical cuando se sumó a la lucha contra el dictador Antonio López de Santa Anna; sin embargo, tiempo después, durante su periodo como gobernador de Nuevo León, -cargo que ocupó salvo algunas interrupciones durante nueve años a partir de mayo de 1855 hasta 1864-; el originario de Lampazos giró en sus posiciones y convicciones, hasta convertirse en un declarado traidor a la Patria.
En el epilogo de la guerra de intervención francesa en México, Vidaurri se sometió a los designios del ejército invasor y reconoció a Maximiliano de Habsburgo como emperador de México. El escenario de la deslealtad fue el régimen que encabezó en Nuevo León.
Ante el avance de las tropas francesas en el territorio nacional (1863-1867) -que ha significado la invasión extranjera más prolongada en suelo mexicano-, Benito Juárez emprendió una histórica travesía el 31 de mayo de 1863 para defender la soberanía nacional, ofrendado su propia vida como única garantía. En un convoy de carretas se movilizó al interior de la República, resguardando los archivos de la Nación y la hacienda pública. Con este acto surgió el Gobierno Legítimo de México, en aras de no claudicar ante invasores y conservadores colaboracionistas.
Benito Juárez estableció la capital sucesivamente en San Luis Potosí, Saltillo, Monterrey, Chihuahua, Paso del Norte y Zacatecas. Fue a principios de 1864 cuando los caminos de Juárez y Vidaurri se cruzaron frontalmente. En Miramar el archiduque Maximiliano de Habsburgo aceptó “la corona” de México, que le ofreció una comisión nombrada por la regencia del Imperio; mientras, en Monterrey, Santiago Vidaurri se negó a someterse al Gobierno Legítimo de México y en consecuencia reconoció a “Maximiliano I” como emperador.
Previo a esta definición antipatriótica de Vidaurri, de acuerdo a los anales de la historia, el 20 de enero de 1864, el ministro de Hacienda José María Iglesias solicitó por correspondencia al gobernador Vidaurri que dejara de usar las rentas federales para favorecer el intervencionismo y atendiera las necesidades del pueblo norteño afectado por la guerra. Iglesias advirtió a Vidaurri: “El gobierno se propone cubrir las preferentes atenciones del servicio público y hacer a la vez cuanto le sea posible en auxilio de este estado, por cuyo bienestar y prosperidad tiene el más vivo interés”.
Entre enero y abril de 1864 se vivieron días de hostilidad epistolar entre los representantes del Gobierno Legítimo y Vidaurri, entonces Juárez tomó la decisión de ocupar Monterrey ante la negativa del gobernador a someterse a la ley.
Finalmente, el 4 de abril de 1864 Juárez lanzó una proclama a los habitantes de Nuevo León y de Coahuila: “Un hombre -el único por fortuna-, abusando de la posición elevada que ocupaba como gobernador, se declaró en abierta hostilidad contra el gobierno general y traicionó la santa causa del pueblo y vendió a sus hermanos, proyectando entregarlos al yugo del invasor; pero el pueblo que ha conquistado con la revolución la conciencia de su derecho, el pueblo que tiene fe en los destinos futuros de la república, se levantó en masa para protestar enérgicamente contra la traición y respondió con un grito unánime de entusiasmo a la voz del supremo gobierno que le llamaba a las armas en nombre de la patria, de la independencia y de la ley. Compatriotas, todo está ya concluido.”
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