Padres analógicos, hijos digitales Conviviendo entre generaciones

Escrito en OPINIÓN el

En muchas familias ocurre esta escena: los padres hablan, los hijos miran el celular y ambos piensan que el otro no los entiende. No siempre es falta de respeto. Son generaciones que aprendieron a comunicarse de forma distinta.

Los padres crecimos conversando frente a frente, jugando en la calle, esperando una llamada y buscando información en libros. Nuestros hijos nacieron con internet, mensajes instantáneos, videojuegos, redes sociales y respuestas inmediatas. Para ellos, el mundo digital no es una moda: es parte de su manera de convivir, estudiar e informarse.

El problema comienza cuando los adultos creemos que todo tiempo pasado fue mejor o cuando los jóvenes piensan que la experiencia de sus padres ya no sirve. En realidad, ambas generaciones tienen algo que enseñarse.

A los padres nos conviene acercarnos con curiosidad y no solamente con miedo. Preguntar qué aplicaciones utilizan, qué videos ven y a quién siguen. Una conversación sincera enseña más que revisar a escondidas el teléfono.

También debemos evitar iniciar cada diálogo con frases como “deja ese aparato” o “pierdes el tiempo”. Es mejor preguntar: “¿qué estás viendo?”, “¿te ocurrió algo en redes?” o “¿hay algo que te preocupe?”. Los hijos hablan cuando sienten que serán escuchados antes de ser juzgados.

Esto no significa renunciar a los límites. Debe haber horarios para dormir, estudiar, comer y convivir sin pantallas. Pero las reglas deben cumplirse por todos. No podemos pedirles que guarden el celular durante la comida mientras los adultos respondemos mensajes.

Los padres no necesitamos ser expertos en tecnología. Basta con estar presentes, conocer los riesgos y enseñar valores que siguen vigentes: respeto, prudencia, responsabilidad y empatía. Hay que recordarles que no todo lo que aparece en internet es verdad y que detrás de una pantalla también se puede lastimar por infoxicación.  

El mejor consejo es sencillo: no intentemos ganarles una batalla a las pantallas; procuremos ganar su confianza. Un hijo que sabe que puede hablar con sus padres tendrá un lugar seguro al cual regresar.