Memoria Colectiva

Escrito en OPINIÓN el

Monterrey. - La memoria es la función cerebral que permite procesar, almacenar y recuperar los hechos, acontecimientos e información que atestiguamos a lo largo de nuestra vida. Más que un simple archivo de recuerdos, es el recurso que convierte las vivencias en experiencia y esta, a su vez, en carácter, criterio y personalidad, tanto individual como colectiva.

La memoria, como testigo del pasado, solo se convierte en aliada del futuro cuando recurrimos a ella no como un anecdotario, sino como una herramienta viva para tomar mejores decisiones. De nada sirve almacenar recuerdos si, cuando más los necesitamos, no queremos recuperarlos. Entonces el proceso se interrumpe y volvemos a cometer los mismos errores.

Quien conoce bien las perversidades del oficio político sabe con precisión que la memoria colectiva suele ser de corto plazo. Apuesta a que un nuevo acontecimiento borre al anterior, no importa qué tan desproporcionado o inverosímil resulte. De lo que se trata es de crear una cortina de humo que cambie la conversación pública. Todos los días somos víctimas de este fenómeno y, aunque en un primer momento advertimos el engaño, muy pronto aparece la amnesia.

No sé si Ernesto Ruffo es culpable o no, pero de pronto quieren que olvidemos a Marina del Pilar y sus conversaciones telefónicas con el FBI. Estoy seguro de que Rocha Moya tiene muchos asuntos que explicar ante la justicia y ante el pueblo de Sinaloa, pero la soberanía nacional termina siendo la prioridad de la conversación.

Los abrazos y no balazos produjeron más muertes que en los dos sexenios anteriores, pero García Luna ya fue condenado en Estados Unidos. En un año tendríamos un sistema de salud como el de Dinamarca y, de pronto, se descubre la mafia de los laboratorios de medicamentos. México enfrenta una crisis diplomática con España y volvemos al agravio de la conquista, exigiendo que la Corona española se disculpe. Así podríamos seguir con un largo rosario de absurdos mediante los cuales, desde el poder, se construye una maquinaria destinada a desplazar la atención y debilitar las instituciones democráticas que durante años sirvieron de contrapeso.

La historia se repite porque la memoria termina convirtiéndose en amnesia cada vez que tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo a través de las elecciones. Nos vuelven a engañar porque permitimos que nos vuelvan a distraer. El espectáculo es siempre el mismo: el mismo mago, la misma chistera y el mismo conejo. Lo único que cambia es el truco con el que apuestan —y demasiadas veces aciertan— a que la memoria colectiva desaparezca una vez más.

Las instituciones pueden debilitarse, las leyes pueden modificarse y los gobiernos pueden cambiar, pero mientras una sociedad conserve su memoria, todavía tendrá la posibilidad de corregir el rumbo. El verdadero triunfo del poder no consiste en convencer a los ciudadanos de que tiene razón, sino en lograr que olviden por qué dejó de merecerla.

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