Mientras miles de ciudadanos de Nuevo León pasan horas esperando un camión, el Gobernador del Estado parece vivir en una realidad alterna.
En las calles, la historia es otra. Personas que salen de madrugada para llegar a sus trabajos, estudiantes que esperan bajo el sol o la lluvia y familias que dependen del transporte público tienen que hacer largas filas y esperar durante horas para poder abordar una unidad. El problema no es nuevo y tampoco es menor: significa tiempo perdido, retrasos en el trabajo, menos horas con la familia y una afectación directa al bolsillo de quienes menos tienen.
Pero mientras los ciudadanos padecen esta situación, el Gobernador presume que su administración ya llegó a la meta de 4 mil nuevos camiones y que incluso están por llegar 600 unidades adicionales. Ha llegado al punto de bromear con que le sobran camiones y que podría prestarlos a otros estados.
¿De verdad sobran camiones cuando hay ciudadanos esperando durante horas?.
La contradicción es evidente. El propio Gobierno estatal plantea como meta que el 40 por ciento de la población utilice el transporte público para reducir el número de automóviles y, con ello, disminuir el tráfico. Pero ¿cómo pedirle a la gente que deje el automóvil si no puede tener la certeza de que un camión llegará cuando lo necesita?.
Lo más preocupante es la explicación del Gobernador: dice que los camiones no llegan a recoger a los ciudadanos que esperan durante horas no porque falten unidades, sino porque existen las llamadas “horas pico”.
Una mala justificación. Las horas pico no son una sorpresa. Son perfectamente previsibles: ocurren cuando miles de trabajadores y estudiantes necesitan trasladarse al mismo tiempo. Precisamente para eso debe estar diseñado un sistema eficiente de transporte público.
Un gobierno no puede pedirle paciencia a una persona que lleva dos o tres horas esperando un camión y, mucho menos, burlarse de una realidad que millones enfrentan todos los días.
Si realmente sobran unidades, que se vean en las calles donde hacen falta. Si ya llegaron 4 mil camiones, que se traduzcan en menos tiempo de espera. Y si llegaran mas, que lleguen acompañados de rutas, frecuencias y una operación que responda a la demanda real.
Porque la verdadera medida del éxito no es cuántos camiones presume un gobierno tener, es cuánto tiempo de su vida deja de perder la gente esperando uno.
