Una trampa habitual en la discusión pública consiste en asumir que un problema es tan grande que ninguna autoridad—y menos aún, local— puede hacer algo para resolverlo. La realidad, sin embargo, es distinta: en todos los órdenes de gobierno existen políticas públicas que, bien ejecutadas, pueden mitigar estos desafíos y ser parte de una solución estructural.
El tráfico en el Área Metropolitana de Monterrey es un buen ejemplo. En la última década, la mayor parte de los esfuerzos se ha concentrado en construir pasos a desnivel y ampliar la oferta de transporte público. La primera estrategia ofrece beneficios cada vez más limitados; la segunda es indispensable y a la vez, sus resultados tardan en verse reflejados además de que requieren alta capacidad de ejecución. Entre ambas acciones, existe un amplio margen de acción para los gobiernos: desde una sincronización adecuada de los semáforos y políticas para reducir los hechos de tránsito —cada día ocurren nueve por hora en el AMM— hasta la creación de alternativas de movilidad, como un sistema de bicicleta pública.
Uno de esos grandes problemas es el calor: agudo en el verano e intensificado por la crisis climática, la ciudad experimenta temperaturas superiores a los 35ºC en estos meses. Es un fenómeno que escapa del control de autoridades locales y aún así, hay medidas que pueden tomar para mitigarlo. Una de las más importantes es combatir las islas de calor: grandes extensiones de concreto que, entre otros efectos negativos, provocan concentración de alta temperatura en mayor grado y por mayor tiempo. En el AMM sólo 16.2% del suelo corresponde a áreas verdes; el 84% restante lo ocupan superficie urbanizada, edificios, calles, suelo estéril y estacionamientos.
Alcalde, Cómo Vamos, a partir de datos de la plataforma Ciudad Finita del Tec de Monterrey, identificó los 106.5km2 que están clasificados como zonas calientes o muy calientes y se los compartió a los municipios metropolitanos. Los alcaldes pueden reorientar sus estrategias de reforestación para disminuir las zonas de calor (un indicador incluido en la evaluación que realiza la plataforma). Entre octubre de 2024 y septiembre de 2025 se plantaron 2,807 árboles de especies nativas o adaptadas dentro de estos perímetros. El esfuerzo, sin embargo, está muy concentrado: Juárez aporta 1,830 de esos árboles —casi dos terceras partes del total metropolitano, seguido de Santa Catarina, Guadalupe y Apodaca. En el caso estatal, en donde han declarado que su estrategia es ambiciosa, solo cerca del 3% de los arboles plantados (a noviembre de 2025) han sido en las zonas de mayor calor.
El combate al calor requiere precisión; no sólo importa cuántos árboles se plantan, sino dónde y cómo las áreas verdes aumentan, no se reducen. En este mes de agosto, cuando el calor apriete, exijamos que los gobiernos no se desentiendan de un problema que también les toca y empiecen por romper el círculo de concreto.
