Monterrey. - Cuando alguien fallece, la familia sabe qué hacer con una casa, un automóvil o una cuenta bancaria. Para eso existen escrituras, contratos y testamentos. Pero pocas personas han pensado qué ocurre con el teléfono celular que quedó sobre el buró, con el correo electrónico donde están los documentos importantes o con las miles de fotografías almacenadas en la nube.
Vivimos buena parte de nuestra vida en el mundo digital, aunque todavía actuamos como si ese patrimonio no existiera.
Ahí están los estados de cuenta, las pólizas de seguros, las redes sociales, los archivos de trabajo, las conversaciones familiares, las suscripciones, las cuentas de inversión y, en algunos casos, hasta negocios completos que dependen de una contraseña. Cuando esa persona ya no está, acceder a esa información puede convertirse en un verdadero problema.
La buena noticia es que prevenirlo es más sencillo de lo que parece. En México no existe todavía un testamento digital como figura jurídica independiente, pero cualquier persona puede acudir con un notario y, dentro de su testamento tradicional, dejar instrucciones sobre el destino de sus bienes digitales y nombrar a la persona que se encargará de administrarlos. Ese documento tiene plena validez legal y evita muchas complicaciones a la familia.
Además, conviene elaborar un inventario privado con las cuentas más importantes correos electrónicos, redes sociales, inversiones, archivos en la nube o negocios digitales y guardarlo en un lugar seguro o en un administrador de contraseñas. Ese inventario no debe incluirse en el testamento ni dejarse a la vista. Lo recomendable es que únicamente una persona de absoluta confianza sepa dónde se encuentra y cómo acceder a él cuando llegue el momento.
Este sencillo paso puede evitar la pérdida de documentos, fotografías familiares, inversiones o información de gran valor sentimental. También reduce conflictos entre herederos y protege la identidad digital de quien ha fallecido.
Hablar de estos temas nunca resulta sencillo. Sin embargo, organizar nuestro legado digital no significa prepararnos para morir; significa facilitarles la vida a quienes más queremos cuando atraviesen uno de los momentos más difíciles.
Porque hoy el patrimonio de una familia ya no sólo está en una escritura o en una caja fuerte. También vive detrás de una pantalla. Y protegerlo es, quizá, una de las formas más modernas de cuidar a quienes un día se quedarán con nuestra historia.
"México necesita actualizar su legislación porque la muerte digital ya es un problema para miles de familias." inakialzugaray@gmail.com
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