Hace un año, Nuevo León dio un paso urgente: crear una División Ambiental para vigilar y sancionar a quienes dañan nuestra naturaleza. Hoy, al cumplir su primer aniversario, los resultados nos invitan a reconocer el trabajo de la nueva Secretaría de Medio Ambiente, pero también a reflexionar sobre cómo pensamos y actuamos como comunidad frente a la crisis ecológica.
Los números de este primer año hablan por sí solos: más de 845 inspecciones y 309 detenciones. Para lograrlo, se articuló un frente sin precedentes. Hoy, esta división opera en coordinación con 10 organismos y dependencias estatales, sumando a 1,000 elementos de estas instituciones. Con el apoyo de más de 200 vehículos y el respaldo táctico de la nueva Fuerza Civil, su misión en el campo es muy clara: garantizar aire limpio, mantener el suelo sin basura, reforestar nuestras áreas y sancionar a los infractores.
El mensaje para los maleantes que atentan contra el medio ambiente es claro: hoy, los delitos ambientales se pagan con cárcel. Ya no se trata solo de levantar reportes; vemos a un equipo activo frenando a quienes destruyen los recursos de los neoleoneses. Además, a este músculo operativo se le suma la figura del nuevo fiscal ambiental, quien es el encargado de proceder legalmente para asegurar que las penas se apliquen con todo el rigor de la ley.
Sin embargo, detrás de estos resultados hay una realidad incómoda. Si en un solo año hubo la necesidad de arrestar a más de 300 personas, es porque seguimos arrastrando pésimas costumbres. Desde el ciudadano que tira escombro en el río, hasta las industrias que contaminan a escondidas, nos sigue faltando un cuidado básico por el entorno que habitamos.
La solución definitiva no se logra únicamente con patrullas, operativos y fiscales. El verdadero éxito de este proyecto no será celebrar que tenemos más arrestos cada año, sino lograr que estos delitos dejen de ocurrir. A lo que verdaderamente podemos y debemos llegar es al pensamiento colectivo. Necesitamos entender que cuidar el ambiente no es sólo obligación del gobierno, sino la única forma de asegurar nuestra supervivencia y el futuro de nuestras familias.
