Trini Ellitsgaard en el MUT

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Escrito en OPINIÓN el

Un nuevo museo abrió sus puertas el pasado mes de junio, en el Centro Histórico de la CDMX, con una exhibición temporal inaugural que pone de manifiesto la vigencia de la colección permanente que le da origen: los textiles mexicanos

Se trata del Museo Textil de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos, que eligió para su primera muestra temporal a la destacada artista danesa Trini Ellitsgaard (1954), autora de una obra deslumbrante que se ejemplifica en las más de las 26 piezas que conforman el conjunto que se presenta en las tres salas que albergan la muestra.

La muestra temporal inaugural

La exposición lleva por título “Textiles” e incluye obra que abarca un lapso que va de 1990 al presente, es decir 36 años de un quehacer que se ha enriquecido con el contacto de Trini Ellistgaard con tejedoras de su país de origen, Dinamarca, India y México. En el caso nuestro con maestras-colegas de Yucatán y Oaxaca, en esta última ciudad-entidad reside desde más de tres décadas.

Desde el inicio queda de manifiesto que su textil pertenece al campo de las bellas artes y exhibe sus nexos con la pintura, la escultura y la instalación. Las piezas se muestran en muros, peanas y suspendidas, y cuentan con una presentación de la experta en diseño Ana Elena Mallet. En el texto la autora sitúa a la artista “marcada por el desplazamiento”, en “dialogo con sistemas vivos de conocimiento, trasmisión y materia” pero con “interdependencia, continuidad y transformación” lo que da como resultado una obra que es “estructura, memoria, relación”.

Dicho lo anterior en ¿dónde está el nexo entre la muestra temporal y la permanente con que inician estas líneas? En que ambas exhiben objetos considerados en la actualidad coleccionables, no obstante, sus orígenes de producción son opuestos, en la individual son exclusivamente para ornato, aunque no falte quien los use como tapete, y la segunda son-fueron para el uso diario, o fechas especiales, en sus comunidades de origen, poblaciones que siguen utilizándolos en nuestros días, aunque también las elites socio-político-económico del país se las han apropiado. En Oaxaca se habla de quienes son “totalmente remigio”, los que visten con ropa adquirida en las tiendas de Remigio Mestas. 

Desde luego que la relación más evidente-visible está en los materiales en que están realizadas las piezas en las dos exposiciones: fibras naturales e industrializadas. Entre las primeras, agave, bambú, crin de caballo, lana, palma, mica y pluma. Los hilos de cobre, oro y vidrio, papel, fieltro y plástico entre los segundos. Así como en la técnica, manual, en telar, la más de las veces.  Con motivo de la muestra la expositora señaló a la periodista Merry Mac Masters que “no hay falta de materiales sino de tiempo”, declara “no me siento tan danesa pero tampoco me siento mexicana” y advierte que su obra contiene “memorias de lugares y las cosas que uno ha visto, esto es la inspiración”.

Las piezas más sobresalientes en la presente individual son: Agave blanco, un inmenso lienzo en fibras de maguey, de 2023. Es la pieza de mayores dimensiones en la muestra. Su belleza radica en la textura y color, es decir en su destreza técnica y lumínica vibración. Es parte de una serie de la que también se exhibe tres piezas más, una de piso.  Chamula de 2026, es una obra inquietante por la combinación de lana, crin de caballo y fibra de maguey, especie de homenaje sombrío a Mark Rothko; y finalmente Palma, también del presente año, que más propiamente un cuadro póvera que un textil.

En otras piezas son evidentes las conexiones con artistas como el jalisciense Ismael Vargas (169 Canastas, de 2025), el chileno-poblano Carlos Arias (Collar de perlas, de 2020), el capitalino Eduardo Terrazas (Escobas tejido, de 2020) o la escultora Marina Lascaris (Ventanas I y II, de 2025 y 2026 respectivamente) por citar solo algunos nombres con que las obras en exhibición tienen claro parentesco, aunque sus creadores no son propiamente tejedores.

La muestra en el MUT parece haberse centrado en lo que la artista conserva-tiene en su atelier, no se incluye obra de coleccionistas particulares ni institucionales, tampoco se informa quién fue el comisario. Dice mucho del nuevo museo y su equipo el que una exposición inaugural y de una autora como Trini Ellitsgaard no cuente con una museografía que potencie las obras, carezca de catálogo y omita a las tejedoras y las comunidades con las que colabora.

Antes de esta exposición se pudo ver obra de esta autora en individuales en la Galería Juan Martín, en 1998, y la MyL Arte Contemporáneo, en 2012, en esta última fungió como curadora de una exposición de Francisco Toledo en 2017. Recientemente participó en colectivas en ADN y la Galería López Quiroga. “Textiles” permanecerá en exhibición hasta el 8 de octubre próximo. 

El nuevo museo

El Museo Textil de los Pueblos Indígenas y Afroamericanos se localiza en un inmueble histórico: la Casa del Marqués del Apartado, obra de Manuel Tolsá, y se ubica en el corazón cultural de la capital mexicana. Una discreta placa, en la imponente fachada, lo anuncia con las siglas MUT y exhibe que excluye a quienes se supone honra.

En los últimos años el edificio del Siglo XVIII funcionó como oficinas para la burocracia cultural y en su esquina de la planta baja operó una librería de Educal, en esta área continúa la actividad comercial, pero ahora con una tienda de Fonart, institución que con la Secretaría de Cultura y el INAH son las que tienen a su cargo el funcionamiento del nuevo museo. El sexenio de Enrique Peña Nieto buscó convertirlo en una magna sala de exposiciones, pero han sido los del Segundo Piso quienes lo concretaron, aunque lejos de las pretensiones de los priistas.

El acondicionamiento del inmueble neoclásico para sus nuevos usos no es el más óptimo, pero sí adecuado, lo que deja mucho que desear es su funcionamiento-operación, lo que se nota desde la entrada al edificio con los dos escritorios que nada tienen que ver con el museo, así como en la realización de muestras en las áreas de acceso tanto al museo mismo como a las salas de su colección-exposición permanente. No solo entorpecen el ingreso de los visitantes, modifican el guión original de la permanente (se retiró ya una hiladora tricolor), sino que exhiben la falta de profesionalismo y el desprecio a los autores de las piezas y sus comunidades de origen al colocarlos en esos espacios inadecuados.

Conviene aclarar que la exposición permanente no es toda colección propia, pues incluye piezas de instituciones tanto gubernamentales como privadas y coleccionistas particulares, son más de 200 piezas procedentes de varias regiones del país y se exhiben en 12 salas. Son obras que datan de los Siglos XIX y XX. Son piezas históricas-estéticas, de extraordinaria belleza y refinada maestría técnica. Me permito destacar entre el inmenso conjunto solo un ejemplo: el exquisito y fino morral para las tortillas procedente de Linares, Nuevo León, que prestó el Museo Textil de Oaxaca.

Hay que señalar también el mural a mano alzada en la escalera realizado por Dolores Pancho, Isabel Morales, Juan José Dámaso y María de la Paz Fabián de Tepecoacuilco, Guerrero. Los autores logran en el muro la misma belleza que tienen sus dibujos sobre papel amate. Pero lo que más recuerda al visitante la procedencia de los textiles y las culturas que los crearon son los vestigios de una escalinata-pirámide que se dejó al descubierto en el patio central, una obra arqueológica que recuerda la historia milenaria en que se sustenta la elegancia, delicadeza y lujo de las prendas que se encontrara en las salas.

Finalmente, como es costumbre en las obras gubernamentales, el MUT se abrió al público con áreas sin concluir, como el restaurante que operará en la azotea. Y una novedad en la política cultural del gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo: el ingreso gratuito a las personas de las comunidades indígenas.